Javier Orcajada del Castillo

DIVERTIRSE A COSTA DE LOS VASCOS

No se sabe a qué razones ocultas se debe, pero de vez en cuando en España surgen punzantes cruzadas en las que se toma a los vascos de argumento para hacer gracia. Que los vascos nos enroscamos la boina en la cabeza; en otras nos reprochaban que nuestros futbolistas eran sólo los nacidos en Euskal Herria. Después llegó la moda de considerarnos todos terroristas, con la correspondiente satisfacción que ello nos producía. Otras muchas campañas más han fomentado que tenemos un estilo brusco, pueblerino e inculto. Ahora la ofensiva viene por medio de una película con el título •”Ocho apellidos vascos”, que está teniendo unos éxitos sorprendentes en España produciendo record de recaudación. En esta ocasión el tema tiene tintes de racismo, pues presupone que para ser vasco auténtico es necesario tener los ocho apellidos vascos. Bueno, pues con este tópico ramplón se crea una comedia en la que la protagonista, una joven vasca, fría, con genio vivo, mal encarada y fanática, se enamora de un andaluz graciosillo, que con su simulada ingenuidad descubre las esencias más genuinas del pueblo vasco, pues los gags sobre la vida, costumbres e historia son base para ridiculizar nuestro sentimientos apareciendo como fanáticos de nuestra raza, bruscos de carácter y con un alto grado de incultura. Los personajes españoles de la película son los simpáticos que hacen a los vascos víctimas de sus «ocurrencias».

Las escenas tienen lugar en espacios simbólicos para los vascos: Leitza, en la montaña y Getaria en la mar, lugares y con oficios minoritarios. No parecen hacerles reír nuestras modernas y cosmopolitas ciudades, con museos y edificios espectaculares. Tampoco les debe hacer gracia que seamos un pueblo culto, con la mayor tasa de titulados superiores, ni se dice nada de que tenemos la más alta renta per cápita de España con el índice menor de paro del país. Y debe estremecerles que el 75% de la población se confiesa nacionalista y que prefiera la independencia. Sólo aparece lo trivial, lo que sirve para que en España se diviertan con nuestras manías, cabezonadas u ocurrencias populares. Por eso deberíamos permanecer vigilantes cuando algo de los vascos satisface a los españoles. Véase si no, el caso actual de Catalunya: cualquier noticia de esa nación es automáticamente descontextualizada, dándole un contenido que es ridiculizado por los periodistas del pesebre.

Buscar