EE.UU. de América y Estado español, desconfianzas más que razonables.
En los últimos meses de este año, que discurre hacia su ocaso, en USA tres hombres afroamericanos han perdido la vida ante la desproporcionalidad y paranoia de los policías que intentaban, se supone que, detenerles. Pero que acabaron con sus vidas.
Julio: Nueva York, Eric Garner perdía la vida bajo una llave de estrangulamiento, a pesar de que en varias ocasiones repitió «no puedo respirar». Esa «táctica» estaba prohibida desde 1993. Pero a pesar de eso un gran jurado de Nueva York tomó la decisión de no imputar al policía que ejecutó dicha maniobra y exonerarlo.
Agosto: Ferguson, Michael Brown ve como su vida es arrebata por seis impactos de bala. Un gran jurado, en este caso de Misuri, decide no presentar cargos contra el policía que disparó reiteradamente sobre el cuerpo de Brown.
Diciembre: Arizona, Rumain Brisbon recibe sobre su torso dos impactos de bala cuando, según la versión policial, intentaba huir para no ser arrestado e introdujo sus manos en los bolsillos. Lo cual fue interpretado, por el policía que le perseguía, como un gesto determinante para extraer un arma. En los bolsillos simplemente llevaba un fármaco. La abogada de la familia de Brisbon, Marci Kratter, ha asegurado que tiene testigos que contradicen la versión policial.
Ante estos terribles y brutales hechos luctuosos -que no han conllevado sentencias condenatorias ni para los implicados directos ni para los agentes presentes, al menos en el caso de Garner. La muerte de Brisbon aún esta en fase de investigación– decenas de miles y miles de personas se han manifestado por todo el país de costa a costa. Las actuaciones y decisiones judiciales son de tal gravedad que han llevado a decenas de organizaciones por los derechos humanos a convocar una marcha multitudinaria sobre Washington para el próximo día 13 de este mes, de diciembre.
Esa convocatoria, inevitablemente, nos retrotrae en el tiempo, dejándonos absortos y anonadados al comprobar que se ha retrocedido –o tal vez jamás se haya avanzado– medio siglo, en el respeto de los derechos civiles para todas las minoría étnicas, y principalmente para la población afroamericana, situándonos en el mismo contexto que se daba aquel 28 de agosto de 1963: una inmensa multitud realizó una marcha sobre Washington, dejando una huella indeleble, por el número de participantes, por las distintas intervenciones y por el histórico discurso de Martin Luther King; el cual sería asesinado cinco años después.
Al abatimiento, incredulidad y desolación de las familias y amigos se une la indignación, el rechazo y el hartazgo social ante la brutalidad de las prácticas policiales y la absoluta pasividad e indiferencia de las instancias judiciales. El sentimiento de impunidad que se extiende como un huracán por todo el territorio norteamericano, no es exclusivo de esas latitudes. En lo que respecta al Estado español, el informe presentado por la Coordinadora para la Prevención y la Denuncia de la Tortura, revela que en el periodo comprendido entre los años 2001 y 2013 se presentaron 6.621 denuncias de tortura. En ese mismo periodo se registraron 833 muertes, pero sólo se dieron 752 condenas, de las que casi la mitad fueron por falta y no por delito. Ese mismo sentimiento como una mancha de aceite, que contamina y corroe todo, se extiende también, evidentemente, sobre la superficie de todo el territorio de la CAPV, otorgándonos una razón de máxima importacia para conseguir el tan anhelado estado independiente y soberano vasco.