Escondidas
Utilizando el leguaje formal las llamamos «empleadas domésticas» o «del hogar», pero siendo este un país que frecuenta los coloquialismos las conoceremos como «chachas» o «criadas». Pero yo las llamare «escondidas»; y justificaré que no carece de sentido este término del que haré uso.
Claro está que en un estado que desesperadamente busca una igualdad social, o eso nos hacen creer, no va a ver con buenos ojos el tener «criadas»; esto lleva a que muchas veces las llamen «cuidadoras», lo cual hace que ni siquiera tengan un trabajo con un nombre que las reconozca realmente como lo que son.
Muchas de las familias prefieren ahorrar en la seguridad social, pero esto no hace que el sueldo de ellas suba y se añade el arrebatarles derechos como pagas extraordinarias o bajas, en muchos casos no se pueden permitir ni enfermar condicionadas por la propia situación económica. Entonces lo lógico sería que se sindicasen pero ¿cómo, si no son legales? ¿Cómo llevar a cabo una lucha? A esto añado que muchas de ellas están sumidas a un ambiente demasiado familiar, creándose lazos entre ellos y dificultando más la reivindicación de derechos o incluso ser reconocidas mínimamente como trabajadoras.
La necesidad lleva muchas veces a nuestras escondidas a ejercer este tipo de trabajos. Pero preferimos no ver la realidad y permitimos que las familias partícipes o responsables de una desigualdad social (que va creciendo cada día) no se sientan como la causa de ello. ¿Cuánto tiempo será necesario para normalizar un empleo, que a cuyo término desgraciadamente se le ha designado un significado despectivo, y existe, ha existido y existirá desde y durante siglos?