Europa huérfana
Iulen Lizaso Aldalur
12/02/2019

Para las antiguas culturas precolombinas, diciembre de 2.012 fue el mes del año esperado que marcaría un importante cambio de ciclo y polaridad a la humanidad. El paso de un antes masculino a un después femenino, abriendo la era solar madre para esta última humanidad planetaria.

Como referencia mas asequible, el tiempo que pide poner en valor el mapa de la Europa anhelada, superpuesto o fusionado con uno de los mas antiguos conocidos: “Evropa prima pars terrae in forma virginis”, único que distingue al continente matriz como femenino, al ser dibujado su contorno de nobleza como dama distinguida cuya cabeza coronada es la península ibérica.

Fue diciembre de 2.012. Cuatro jóvenes europeos de entre 8 y 12 años, fueron invitados a presenciar en Oslo la entrega del Premio de la Paz a la UE. Entre otros de esa edad, participaron en un concurso de dibujo en que debían plasmar el motivo temático del galardón concedido a «unión de gobiernos».

Ganadora entre 1.173 dibujos de 33 países, la salmantina Ana Fanlo dibujó su Europa anhelada, como una sola nación activada en un movimiento continuo, encadenado y engranando a todos los países, impulsada por el aleteo de una blanca paloma, y lo tituló: La Paz, el elemento motriz... paloma de la paz, que bien la quisiera haber situado en lo alto de Madrid coronando la Puerta del Sol.

Hoy llora su paloma, al otear el horizonte y percibir el dolor que desde la orilla hermana claman compasión a una Europa despiadada, cerrada y aislada, con el Mediterráneo como foso y tumba de los que en su huída ahogan la ilusión de lograr paz y prosperidad... con quienes «sin llamar» antaño entraron en su casa.

Mundo nuevo para el fugitivo errante y viejo para el nativo causante de ese éxodo y drama humanitario. La Europa masculina late hoy replegada para sus víctimas, a su vez desplegada en alianza con quien de su poder hacen principio político y de su belicosidad moral diplomática, provocando esa derrama democrática que hoy nos encadena a ellos y desempodera a unos ciudadanos huérfanos de madre, entronizando hasta empequeñecer a unos gobernantes europeos caducos de polaridad y huérfanos de conciencia.

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