Gernika. Silencios que hablan
Recientemente, el canciller alemán ha visitado Gernika y, estando a la altura de las circunstancias, a pedido perdón por el bombardeo de la Villa. Junto a él, de acompañante, iba el Rey Borbón, el cual, en su discurso, se perdió en generalidades que, como todos y todas sabemos, es como no decir nada. Lo cual da la razón al dicho que: a veces los silencios dicen más que las palabras.
El referido rey podría, por ejemplo, haber dicho que:
«Había una vez un fascista de nombre Francisco Franco que se sublevó contra un Gobierno elegido democráticamente y que en consecuencia propició una guerra sembrando el terror en muchos lugares. Y que con la ayuda de sus amiguitos los nazis bombardeó esta ciudad y que tras ganar la guerra con su inestimable ayuda se autoproclamó Caudillo tiranizando a la población en una dictadura de cuarenta años y que justo antes de morirse dejó su legado a un Rey. Y también había un príncipe, que no era azul como en los cuentos de hadas, hijo del mencionado Rey que, tal y como las antiquísimas costumbres monárquicas dictaminan, heredó la corona sin que nadie lo eligiera dándose la carambolesca situación de que quien decidió crear el terror en Gernika aquel plácido día de mercado ha decidido, a título póstumo, que hoy yo esté aquí. Y colorín colorado, etc.».
El Rey Borbón podría haber dicho esto, que al fin y al cabo es una síntesis de la historia, pero no lo hizo. La historia no aclara si no lo hizo por prudencia o por connivencia.
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