Habas contadas
La ventaja de ser reconocido como un necio integral es que se tiene patente de corso para «vomitar ocurrencias», como explicaba un periodista alemán sobre Trump. Se refería cuando aconsejó a los infectados del coronavirus que se administraran una dosis de «bleach». Un silogismo elemental, pues alguno de sus agudos asesores que conoce sus luces le debió explicar que es un desinfectante eficaz para asegurar la potabilidad del agua para consumo humano. Le sugirió que lo pusiera en las redes sociales para incrementar su popularidad. En efecto: ha sido trending topic y si a alguien le parece una boutade, sólo es una más. Publica otro mensaje en respuesta al New York Times acusándole de propagar «fake news». Se le está muriendo la población pobre que no tiene asistencia médica, pero ya está preparando la «desescalada» y difunde que los laboratorios yankees ya han logrado la vacuna, sólo les falta testarla y para ello ha insinuado que se ensaye con negros y homeless. A los que se presten voluntarios y no se mueran en el intento les ha prometido los papeles para dormir en cajeros automáticos y estaciones de tren. Como María Antonieta, esposa del impotente Luis XVI, bella y frívola como todos los miembros de aquellas monarquías degeneradas abolidas de raíz por la Revolución en 1789. Según cuentan sus biógrafos, recibió a un grupo de mujeres pobres demandándole caridad. Pues, qué queréis? Les preguntó enternecida: «es que no tenemos pan para nuestros hijos, Madame». Cuentan que dijo divertida en voz baja a uno de sus ayudantes: «pues que les den galletas». Sólo que la diferencia entre ambos es que la reina murió en la guillotina para saciar las ansias de venganza de la chusma. Trump, tan torpe y sin carisma, ganó a Hillary Clinton y se dispone a pasar por encima de Biden, Sanders y Warren.. Así que entre ocurrencias y el Covid-19 va a eliminar a gran cantidad de marginales que proyectan una imagen opuesta a su “America first”.