Enric Vivanco Fontquerni, Barcelona

La añorada ilustración

Considero que el discurso pronunciado por Marco Rubio, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, no se le ha prestado la importancia del mismo. No sé si en las famosas redes, han hecho algún comentario de texto exhaustivo de la disertación, o se han perdido en insultos hacia Trump, que lo único que propicia es que nadie se entera de nada. Es absolutamente relevante, ya que es una ofensa total, a la mayoría de la población de nuestro querido Planeta. Es una oda al imperialismo para el siglo XXI. Francamente, cada vez estoy más convencido de que mi única identidad era cuando estaba en el claustro materno, el mero hecho de salir, todo lo que te rodea es insoportable. Dejó bien sentado Marco Rubio, que el fin de la historia fue un espejismo bien intencionado, pero que el orden mundial basado en normas, un término muy manido según él, que sustituiría el interés nacional y en el que viviríamos en un mundo sin fronteras en el que todos seriamos ciudadanos del mundo. Es una idea absurda que ignora tanto la naturaleza humana como las lecciones documentadas de más de 5.000 años de historia y se queda tan tranquilo con semejante argumento tan simplificador. Dejó bien claro que un mundo sin fronteras ha sido el nudo gordiano de todos los problemas actuales. Con las amenazas de la cohesión y continuidad de nuestra cultura. Esto último es de una gran importancia, ya que es la esencia del discurso de las nuevas derechas identitarias y no veo por el otro lado que se rebata de forma que deje noqueado semejante argumento. Resaltó que bajo la presidencia de Trump, los Estados Unidos de América volverán a asumir la tarea de renovación y restauración, impulsados por una visión de un futuro tan orgulloso, soberano y vital como en el pasado de nuestra civilización. Y aunque estamos preparados, si es necesario para hacerlo solos, nuestra preferencia y nuestra esperanza es hacerlo junto con ustedes nuestros amigos aquí en Europa dirigiéndose a la selecta audiencia. En fin, en el siglo XVIII, la filosofía de las Luces, promovió una audacia intelectual, contra los dogmatismos de los poderes políticos y religiosos de la época, aludiendo al ideal de la autonomía de la razón, para desconfiar de las verdades y de los argumentos de la autoridad. Las Luces se definían como la salida del hombre fuera de la tutela donde uno mismo es responsable. Como se puede observar estamos años luz de lo que se pretendía en el siglo XVIII. Todos estos jefecillos, pretenden marcar el destino de los esclavos actuales. Otro argumento a resaltar es que según el orador que Europa y Estados Unidos forman parte de una misma civilización, forjados por siglos de historia común: fe cristiana, cultura, patrimonio, lengua, ascendencia y los sacrificios que nuestros antepasados hicieron juntos por la civilización común que hemos heredado. No hay que ser muy perspicaz para saber que Europa se convierte en una mera comparsa y que todas las demás civilizaciones y culturas el único camino que se les ofrece es someterse al nuevo imperialismo, por no cumplir con el canon de la excelsa perfección occidental.

Atentamente.


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