Javier Orcajada del Castillo

La Ley del «solo sí es sí»

Lo del CGPJ suena a tomadura de pelo, pues desde su cinismo, pendiente de renovación hace más de cuatro años, se permite impartir doctrina relacionada con la polémica ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual, «Solo sí es sí». Para quien desee conocer la realidad de la polémica es aconsejable evitar entrar en su farragoso y contradictorio texto. Realmente el testimonio del mundo judicial provoca pudor a quien se relaciona con el funcionamiento del submundo de la justicia española. Los diseñadores la ley se sienten satisfechos porque la consideran pionera, pues en su opinión defiende mejor los derechos sexuales de la sociedad. En cambio, los jueces que la aplicarán avisan que se van a producir resultados no deseados por el legislador, pues estimula a violadores ya condenados por delitos sexuales a reclamar los beneficios que aporta. Que a veces contradice su espíritu, aunque los jueces enfatizan muchas carencias, aunque ocultan una actitud revanchista contra los y las legisladores progresistas, lo cual induce a que la tensión derive a aspectos políticos. El panorama es desolador para quien tenga que enfrentarse a la justicia ni tener que soportar la estéril dialéctica de los tertulianos que dan la imagen de marujas o nada de derecho, pero con cinismo como para hacer ruido porque ello significa existir. Hay que oír con escepticismo los criterios del CGPJ del que se ignora si tiene opinión propia o imparte la de los partidos a los que deben sus puestos. Aunque con esta ley salgan libres los de la Manada y metan a la cárcel homosexuales o drogatas. La ministra de Igualdad acusa a los jueces de falta de formación humanística; ya era hora de que alguien les diga que no están inspirados por el espíritu santo. Aunque responden ofendidos que están muy capacitados; como no, que son los redactores los que han hecho una ley deficiente. Habría que sugerirles que pidan opinión a los tribunales europeos, vistas las sentencias que les rechazan… El estamento judicial es rebelde hasta con los inspectores de la UE que vienen para domar a los jueces. Han tenido que reconocer su fracaso.

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