Gerardo Hernández Zorroza

La parte y el todo

Se nos suele olvidar, a mí el primero, que centrarnos en lo que nos falta nos lleva a secarnos por dentro, a perder la energía necesaria para explotar al máximo nuestros potenciales. Esta actitud negativa es prevalente en muchos de nosotros y actúa como auténtico cáncer emocional.

Aunque nuestras vidas son de aparente positivismo, percibo que más bien se ha instalando en la sociedad una visión de las cosas que parece decir: no hay nada que hacer para cambiar esto. Como alternativa, algunos intentan emprender un camino que, lejos de unir, nos separa más, enfocado en salvarse cada uno como pueda, sin darse cuenta de que si no sentimos y actuamos como partes de un todo mayor interconectado y tomamos al mismo tiempo medidas audaces e imaginativas, corremos el riesgo de hacer realidad nuestras peores pesadillas.

Habrá por tanto que no cesar de arriesgarse a cambiar el chip, pero superando a la vez los viejos esquemas que ya no sirven, que nos enfrentan en torno a lo que creíamos que «somos». Y no somos. Nuestra búsqueda del bien personal no puede perder de vista al colectivo, como células de un organismo que, al mismo tiempo también, cada cierto tiempo necesita depurar lo que lo obstruye y sobrecarga. Ese es el camino –que empieza por lo mental–, por ahí creo van los tiros.

 

Buscar