Aritz Arrieta Obeso

Las procesiones y las misas ni son guays ni transforman el mundo

No creo que la intención de los Monty Python, por poner un ejemplo, fuese «hacerse los guays» cuando hicieron «la vida de Brian», «el sentido de la vida» o «los caballeros de la mesa cuadrada». Si alguien piensa eso es, probablemente, porque a él lo que le motiva a la hora de hacer cosas es eso: Sentirse guay ante los ojos de los demás, la aceptación social. Y no hacer lo que considera que hay que hacer a pesar de que no sea bien visto por la mayoría de los demás, o sin tenerlo muy en cuenta.

Ni tampoco creo que lo hicieran por llamar la atención: más bien al contrario: Lo querían hacer y lo hicieron a cara descubierta, aunque hubiesen preferido hacerlo anónimamente.

Tampoco creo que su intención fuese «transformar el mundo».

Tal vez solo pretendían hacernos reflexionar un poco sobre las ideas precocinadas que nos hacen tragar y sobre todo pasar un buen rato (fijo que se partían el culo en los rodajes) y hacérnoslo pasar a los demás burlándose de todo y de todos, incluso de ellos mismos, pero sobre todo de los poderes establecidos, de Dios y el Estado, de la Virgen o de la Madre de Dios.

Aunque hoy en día algunos son tan guays y tan políticamente correctos que incluso les parecen «inapropiados», ezegokiak, algunos de sus «esketxes». Como la parte en la que un transexual reivindica el derecho a poder parir aunque no tenga matriz... Claro que tiene derecho a adoptar o inseminación in vitro, incubadora o alguna otra técnica que haya, pero es físicamente imposible dar a luz sin un útero o una matriz, que yo sepa. Por lo que sería absurdo reivindicar ese derecho.

O también se podría considerar de mal gusto hacer chistes sobre la crucifixión, que era un instrumento de tortura y muerte terrible que padecieron miles o millones de personas... y si encima los hace alguien que no tiene ni el talento, ni la gracia, ni de lejos, de los Monty Python, pues igual no. Igual no tiene ni puta gracia hacer chistes sobre el sufrimiento y la muerte y la vida. Igual no tiene gracia hacer chistes sobre nada. Mejor vivir tristes y compungidos y esperar a morirnos de una puta vez. Eso es lo que piensan los que se creen el cuento de que hay otra vida.

A otros nos gusta el humor negro. Porque a todos nos va a tocar morirnos y bastante drama es ya eso como para estar toda nuestra corta vida tristes y con miedo a qué dirán los obtusos.

Otros, en cambio, prefieren el humor amarillo como aquel programa horrible y racista de la tele que se llamaba así. Para gustos los colores, dicen.

Igual es mejor no hacer nunca nada para que nadie piense que lo haces por llamar la atención. Mejor camuflarse en el rebaño y hacer lo mismo que hacen todos. No vaya a ser que te miren mal.

La próxima Semana Santa no iré de procesión porque, como estamos viendo, ni transforma nada ni es guay. Y encima Es un puto aburrimiento. Me quedaré viendo la vida de Brian o el sentido de la vida y me partiré el culo yo solo.

Tal vez todavía hay algún ilustre iluminado que piensa que está «transformando el mundo» cuando asiste a misa, a la procesión de Semana Santa o cuando pontifica desde su altar elevado... De mayor quiero ser tan guay como él.

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