Javier Orcajada Del Castillo

Lección de Catalunya a Euskal Herria

Estimula comprobar que el pueblo catalán ha demostrado que se pueden alcanzar objetivos trascendentales a pesar de las interferencias, mentiras y amenazas de España. Es una lección porque, además, lo han hecho en paz, con grandes dosis de tolerancia, pragmatismo y amplio consenso de la población. Muestra que es una sociedad adulta que valora la importancia del diálogo, pero no ha pecado de ingenua, pues ha actuado con vigor y se ha ingeniado para convertir unas elecciones menores en un jaque que ha colocado al estado en crisis a pesar de contar con todos los recursos. Precisemos: al imperio le ha faltado la fuerza de la razón y de la democracia.

Esto viene al hilo de que en Euskal Herria existe una mayoría nacionalista superior a la catalana, pero no se logra un acuerdo entre los partidos para plantear una plataforma unificada que suponga una amplia mayoría cualificada que obligue al estado a negociar una salida a la voluntad de autodeterminarse. Contamos, además, con la valiosa experiencia de los catalanes, de manera que es poco lo que hay que inventar, aunque existan múltiples diferencias entre ambas nacionalidades.. No surge un lider carismático que dinamice a las direcciones del PNV y a la coalición de izquierda abertzale, que entre ambas exceden los dos tercios de la población, por tanto, capaces de plantear inteligentemente una propuesta seria unitaria que no pueda rechazar Madrid.

Existen demasiados personalismos y partidismos que demuestran que aun no somos un pueblo adulto como el catalán. La población debería exigir a los partidos que incluyan esta premisa fundamental en sus programas electorales como determinante a la hora de otorgar el voto. Rechacemos el argumento de que no es el momento adecuado: en realidad nunca lo es cuando no se tiene voluntad para exigir el reconocimiento de la identidad vasca. Hay excesivos intereses creados, los políticos están cómodos en sus cargos actuales y prefieren no provocar al monstruo de Madrid Pero el clamor popular ya se desborda y los partidos no pueden seguir ignorándolo, pues arriesgan a que surja la desafección popular respecto a la voluntad de autodeterminación y termine siendo tema de debate académico para satisfacción de la metrópoli.

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