José Ortega Jungitu | Bilbo

Los ciudadanos y el reparto del trabajo

 El dramático problema del paro exige ya soluciones basadas en una generosa  solidaridad de todos/as.  Una solidaridad fundada en lo  ideológico y en la realidad humana que nos rodea.  ¿Quién no tiene  en el paro un hermano/a  o al padre o la madre, o a la pareja, un hijo/ a,  un amigo,  antiguos  compañeros, vecinos /as … o incluso muchos de  ellos a la vez? Somos la causa y por tanto debemos ser la solución al problema de esas personas queridas y cercanas.

 Y en el improbable caso de que ese problema no nos afecte de cerca, ¿es posible vivir satisfechos con tanta angustia rodeándonos?  Además, ¿quién  está libre de ser la próxima víctima?

Repartir el trabajo y  la riqueza (a través de un salario básico que cubra las necesidades de todos/as) es una urgente exigencia para acabar con el drama  de los parados y para defender también la seguridad y los derechos de todos.

Los sufrimientos  de los parados se repiten cada día. No hay, pues, tiempo para la desidia ni el «largoplacismo» cómplice. Los ciudadanos  debemos obligar a moverse a  gobiernos, partidos, sindicatos, mundo empresarial, organizaciones sociales, grupos juveniles, mundo universitario, la Iglesia, el mundo de la cultura…a todos. Obligándolos a coordinarse para dar cuanto antes una solución suficiente al problema.

Pondríamos así las bases hacia una sociedad más justa y solidaria; más austera en lo prescindible, pero más feliz. Si no, tal vez acabemos pagando nuestra pasividad cómoda y egoísta, mientras esperamos incautos  el regreso de épocas ya pasadas.

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