Los ciudadanos y el reparto del trabajo
El dramático problema del paro exige ya soluciones basadas en una generosa solidaridad de todos/as. Una solidaridad fundada en lo ideológico y en la realidad humana que nos rodea. ¿Quién no tiene en el paro un hermano/a o al padre o la madre, o a la pareja, un hijo/ a, un amigo, antiguos compañeros, vecinos /as … o incluso muchos de ellos a la vez? Somos la causa y por tanto debemos ser la solución al problema de esas personas queridas y cercanas.
Y en el improbable caso de que ese problema no nos afecte de cerca, ¿es posible vivir satisfechos con tanta angustia rodeándonos? Además, ¿quién está libre de ser la próxima víctima?
Repartir el trabajo y la riqueza (a través de un salario básico que cubra las necesidades de todos/as) es una urgente exigencia para acabar con el drama de los parados y para defender también la seguridad y los derechos de todos.
Los sufrimientos de los parados se repiten cada día. No hay, pues, tiempo para la desidia ni el «largoplacismo» cómplice. Los ciudadanos debemos obligar a moverse a gobiernos, partidos, sindicatos, mundo empresarial, organizaciones sociales, grupos juveniles, mundo universitario, la Iglesia, el mundo de la cultura…a todos. Obligándolos a coordinarse para dar cuanto antes una solución suficiente al problema.
Pondríamos así las bases hacia una sociedad más justa y solidaria; más austera en lo prescindible, pero más feliz. Si no, tal vez acabemos pagando nuestra pasividad cómoda y egoísta, mientras esperamos incautos el regreso de épocas ya pasadas.