UPV/EHU: complacencia en la mediocridad
Javier Orcajada del Castillo | Bilbo
11/09/2018

Decididamente los vascos, que tan alta autoestima tenemos, no logramos ser un referente por el nivel académico de nuestros centros de enseñanza. A pesar de la desmesurada inversión que se le dedica. Ciertamente, tampoco es que las autoridades académicas le otorguen excesiva importancia ni rectifiquen los múltiples errores. En el «Ranking de Shanghai», que evalúa las 500 mejores universidades del mundo, hemos logrado ascender del rango último (entre las 400 y 500), al inmediatamente superior, (entre las 300 y 400 mejores). La reacción del Rectorado se muestra exultante, pues lo consideran de un paso de gigante. Comparan con suficiencia el dato con la posición de las españolas, pues sólo diez de ellas están dentro dell último rango de las 500 del citado Ranking, salvo la de Barcelona. Pues es como para sentirse orgullosos y muestra la poca valoración de la sociedad vasca por la complacencia y la mediocridad de nuestras autoridades académicas si se analizan las penosas disculpas y justificaciones que argumentaron cuando se hizo público el Informe PISA en el que fracasábamos en todas las materias. Decía un experto que «la imagen exterior más elocuente de un país lo expresa su sistema de enseñanza». Una muestra de la seriedad del sistema universitario español es que la presidenta de una comunidad autónoma y el presidente del partido político más importante han obtenido sus licenciaturas universitarias sin realizar exámenes, sólo con convalidaciones sin documentar y con la complicidad de profesores que deben sus cátedras a los políticos a los que han otorgado licenciaturas espurias. El sistema de enseñanza vasco debería ser revisado de raíz, empezando por cambiar los programas que potencien valores humanos, modificando el sistema de contratación del profesorado al que se debería exigir mayor nivel de formación pedagógica a costa de reducir el de conocimientos específicos de las asignaturas. Habría que racionalizar el sistema de evaluación y calificación. Es imprescindible que se limite el número de cursos que se puede permanecer en la universidad. Y sobre todo, que las autoridades se habituen a ejercer la autocrítica y evitar la complacencia sin fundamento que impide el logro de políticas de mejora permanente.

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