Caso Bidegi: un lastre que el PNV debe aclarar

El diputado general de Gipuzkoa, Markel Olano, y el alcalde de Donostia, Eneko Goia deberán declarar como testigos en el «caso Bidegi» tras ser citados por el Juzgado de Azpeitia, que ha admitido a trámite la segunda querella presentada por el anterior Gobierno foral y ha imputado a otras cuatro personas. Un episodio más en una trama que se agrava, y que no sentencia el asunto, pero deja ya muy nítida la existencia de irregularidades en la liquidación de la AP1 ante las que nadie debería ni podría hacer la vista gorda. Investigar y dilucidar lo ocurrido es la labor que atañe a los tribunales y para la cual es fundamental la transparencia y la colaboración de quienes tuvieron responsabilidad en ello.
 
Si efectivamente, como dijo ayer, Markel Olano está dispuesto a dar «aclaraciones», aunque solo sea «para que esta historia acabe», ello supone un cambio de actitud radical y necesario. Porque hasta ahora el PNV se ha limitado a negar la mayor y huir hacia adelante, acusando al anterior Gobierno de Bildu de realizar denuncias falsas e incluso dando por rota la relación con la izquierda abertzale. Hace tan solo unas semanas, para los jeltzales no había ninguna «historia que acabar» puesto que, según reiteraba, se trataba de acusaciones falsas con «objetivos electoralistas». Tal atribución carecía de sentido antes (dado que desde el Juzgado de Azpeitia hasta la Diputación de Araba del PP, poco sospechosos ambos, acreditaban la necesidad de investigación), pero tras el 24M suena ya totalmente ridícula. Los resultados muestran que ha sido más bien el PNV quien ha sacado rédito del escándalo, por la vía del victimismo y gracias a la ocultación mediática generalizada.

Ojalá las palabras de Markel Olano sean el anticipo de un nuevo modo de afrontar el tema, porque las explicaciones no se le deben a la anterior Diputación, ni siquiera al Juzgado de Azpeitia, sino al conjunto de la ciudadanía guipuzcoana, de cuyas arcas públicas faltan 30 millones sin una explicación siquiera. Una ciudadanía que merece transparencia y respeto, no ocultismos y secretos.

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