Cínica defensa de la libertad de expresión

París puso fin ayer a una semana trágica con una multitudinaria manifestación en contra de los ataques yihadistas que han dejado 17 víctimas mortales, y también en defensa de la libertad de expresión. El brutal atentado contra la revista satírica “Charlie Ebdo” ha desencadenado una cascada de declaraciones de repulsa por ser una agresión injustificable a la labor periodística. En el marco de estas manifestaciones, mandatarios de todo el mundo secundaron la movilización de ayer dejando la imagen de una hilera negra de brazos entrelazados en nombre de la libertad de expresión. Junto al presidente francés, François Hollande posaron mandatarios de todo el mundo, como el israelí Benjamin Netanyahu, y el español Mariano Rajoy.


Fue un retrato inusual y también hipócrita por tratarse algunos de los presentes de gobernantes más conocidos por atentar contra las libertades que por respetarlas. Los ejemplos son obvios y no es preciso viajar demasiado lejos en el tiempo para recordarlos. Basta con poner el ojo en Gaza para comprobar el nivel del primer ministro israelí en materia de derechos humanos. La masacre que el Estado de Israel lleva perpetrando sobre el pueblo palestino, la ocupación, el apartheid, la continua vulneración de derechos sobre sus ciudadanos y las condiciones a las que son condenados a sobrevivir son una evidente manifestación de violencia y privación de libertad. El suyo es ejemplo paradigmático, pero muchos otros tampoco están en condiciones de dar lecciones en lo que a democracia se refiere teniendo en cuenta su historial. El cierre de medios de comunicación y la persecución de la actividad política forman parte de la lista negra de varios asistentes.


La casta de políticos que figuró en primera línea está en las antípodas del respeto a los derechos humanos y la democracia. Con todo, no debemos obviar el amplio rechazo manifestado estos días contra los ataques y la sincera voluntad de las millones de personas que se manifestaron ayer. La libre expresión es un derecho primordial que no debe caer en juegos políticos cínicos e interesados. Es pilar de todo anhelo democrático.

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