Colombia: renovado mandato por la paz
La guerra o la paz, casi como el título de la obra clásica de la literatura universal de Tolstoi. Las elecciones presidenciales de Colombia han estado marcadas por esa disyuntiva. Y la reelección de Juan Manuel Santos es obviamente un triunfo de la paz. Sin embargo, aunque esta opción haya ganado, los votos cosechados por su contrincante, Iván Zuluaga, representante del uribismo y de la opción belicista para solucionar el conflicto armado que ha desgarrado Colombia en las últimas cinco décadas, indican que el proceso de paz no cuenta todavía con un apoyo masivo y contundente. Los casi siete millones de votos, más de un 45% de porcentaje, son un recordatorio claro: aún hay demasiadas dudas y desconfianzas que, de cara a la fase más difícil de todo proceso negociador –el de la implementación de los acuerdos–, señalan la existencia de un país dividido y polarizado. Un clima poco propicio para impulsar la reconciliación y tender puentes, que obliga a actuar con audacia y visión, así como con voluntad de arriesgarse incluso al fracaso.
Ha llegado la hora de que el presidente Santos, las guerrillas de las FARC y el ELN y los sectores de izquierda, sindicatos, intelectuales y movimientos sociales que sumaron su apoyo en la recta final de la campaña, todos ellos, apuesten fuerte, pisen el acelerador y jueguen a fondo por la paz. Asumir riesgos, incluso el de fracasar, es fundamental para materializar la paz. Sectores ideológicamente tan diversos supieron compactarse en estas elecciones para anteponer ese bien supremo que ha servido a Santos de salvavidas. Pasado este test, con un claro mandato popular y conscientes de las dificultades y los poderosos enemigos que acechan, el proceso de paz de Colombia se adentra en una fase decisiva.
Entre el fin de la guerra y la guerra sin fin, el pueblo colombiano ha votado por la primera opción, seguramente ayudado por el temor de una vuelta al poder del uribismo. Ahora se acerca el momento de trasladar lo acordado en La Habana a la sociedad colombiana y ganar más voluntades. Ahí espera la verdadera batalla.