Como si fueran nuevos, como si estuvieran solos
Un partido que de veras quiere liderar un pueblo, como ayer afirmaron en su mitin preelectoral los dos líderes del PNV, Aitor Esteban y el lehendakari Imanol Pradales, no puede hacer como si la víspera la Ertzaintza no hubiera salido en los noticiarios de medio mundo por apalear delante de las cámaras a los miembros de la flotilla solidaria con Gaza cuando eran recibidos por sus allegados tras ser secuestrados, maltratados y deportados por Israel. Si quieres transmitir una imagen de fuerza, no puedes desentenderte de la realidad y de tus responsabilidades. Hace falta valor. El consejero de Seguridad, Bingen Zupiria, fue quizás más lejos de lo que ha ido nadie antes en la asunción de responsabilidades por una actuación salvaje de la Ertzaintza –y ha habido muchas–, pero… En la escuela se aprende que poner un pero a las disculpas vacía de valor ese acto de responsabilidad. Mucho más, si ejerces de señuelo para que tus dirigentes se libren de rendir cuentas.
Esteban arrancó el mitin pidiendo «humildad», pero en su alocución se mostró no solo orgulloso de los presentes, algo lógico en este contexto, sino arrogante respecto al resto. El líder jeltzale no solo atacó a EH Bildu, su obsesión favorita, sino que menospreció a sus socios del PSE y se atrevió a ponerle plazos para convocar elecciones al presidente español, Pedro Sánchez. Sabe que es ridículo pensar que Sánchez le va a escuchar a él, así que debe calcular que es factible que haya comicios este año. En esa clave hay que entender el acto electoral de ayer, también de cara a las forales y municipales. Para eso se preparan, y el baile de sillas les está creando más de un quebradero de cabeza. Eso, junto al nivel y la imagen de los posibles candidatos, sumado a una inercia negativa.
Actúan como si no fuesen socios blindados del PSE en todas las instituciones vascas; como si ante un escenario de alzamiento de la derecha española pudieran seguir vetando a EH Bildu; como si fueran nuevos, sin responsabilidad en las crisis que sufre el país; como si el descrédito del amiguismo hubiera caducado; y como si tuvieran mayoría absoluta. Para subirse la moral, quizás valga. Como estrategia, es mejorable.