Con la vista en el testigo y la ikurriña, sin perder ritmo ni tono

Korrika ha superado una vez más todos los obstáculos y hoy llegará triunfante a Bilbo, donde es seguro que tendrá un recibimiento masivo y emocionante. A su llegada, primero invitará a la reflexión sobre el euskara y su futuro, y luego concluirá con una gran fiesta.

Cuando aún faltan unos kilómetros para que se complete el recorrido, es de justicia recordar el impresionante esfuerzo de la organización y de miles de voluntarios y voluntarias para que esta iniciativa cumpla sus objetivos, desde los más peregrinos hasta los más simbólicos.

Las imágenes de estos días muestran que, para miles de personas, familias, entidades y territorios, Korrika es un regalo, un respiro y un homenaje. Por eso entregan el testigo a quienes más quieren, a quienes se lo merecen, a quienes les representan. Y lo comparten, porque incluso en los tiempos del selfie y los ultramaratones, este no deja de ser un acto colectivo y político.

Korrika es un reflejo del país, de sus costuras, de sus fortalezas y sus debilidades. Su devenir va asociado a la evolución del pueblo vasco, a cómo viven su sociedad y su cultura. Depende de lo que es capaz de hacer su política, es decir, de sus relaciones de poder, tanto internas como externas.

AEK, los euskaltegis y todo el sistema dedicado a la enseñanza y el desarrollo de la lengua vasca son estratégicos. Por eso mismo los atacan. Pero no hay demasiado margen para despistarse con debates ajenos ni extemporáneos. Entre las oportunidades y los riesgos de la inteligencia artificial, en medio de un nuevo proceso migratorio y sus retos, un país diminuto como Euskal Herria y una lengua minorizada como el euskara deben acertar a adaptarse y proyectarse a futuro.

En común, con ritmo y propósito, sin perder tiempo y sin dejar a nadie atrás, esta es una carrera ganadora.

Buscar