Dos no dialogan si una no quiere
Confebask anunció ayer que no acudirá al encuentro convocado por LAB y ELA en el seno del Consejo de Relaciones Laborales de la CAV para negociar un Salario Mínimo Interprofesional propio. Es la tercera vez que la patronal se niega a sentarse en la mesa. Ayer lo hizo a través de un comunicado en el que conminó a los sindicatos a que «desistan» de pedir un SMI propio, aferrándose a la sentencia del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, que en febrero falló a favor de los empresarios y los eximió de establecer una mesa de negociación, al interpretar que el SMI es competencia del Gobierno español.
Los sindicatos interpelados criticaron la decisión de Confebask y la tildaron de «provocación». Tras ello, apelaron al Gobierno de Lakua y a los partidos que lo forman, PNV y PSE, a que abandonen la equidistancia y presionen a la patronal para lograr un SMI a la altura de la realidad socioeconómica vasca. Pese a ello, el consejero de Economía, Trabajo y Empleo, Mikel Torres, insistió de nuevo en el «diálogo social», lo cual no deja de ser un brindis al sol. El diálogo es imposible con una de las partes ausente por incomparecencia.
La sentencia a la que se aferra Confebask se encuentra a la espera de que se pronuncie el Tribunal Supremo, una instancia de la que es difícil esperar algo favorable a las competencias vascas. Nada impide a la patronal, sin embargo, negociar una demanda socialmente muy extendida, como se vio tanto con la frustrada ILP como en las movilizaciones de la huelga del 17M. El debate competencial se mezcla de forma interesada con el debate sociolaboral, con el único objeto de que nada se mueva. Lakua conmina a las partes a negociar, mientras Confebask dice que no tiene competencias para hacerlo. Pero el problema no es ni competencial ni sociolaboral, responde exclusivamente a la falta de voluntad de los empresarios y de los partidos del Gobierno para encarar una demanda justa y necesaria. De hecho, Lakua podría desencallar fácilmente el bloqueo actual, haciendo suya la demanda de una competencia que permitiría ampliar el autogobierno y obligar a sentarse a Confebask en la mesa.