El Estado español, de la crisis ¿a la oportunidad?
El proceso de investidura español entró anoche en una nueva fase con la oficialización como aspirante de Pedro Sánchez, tras 45 días que han supuesto un buen resumen de la crisis sistemática de ese Estado. A las veinte primeras jornadas de pura inacción vacacional les han sucedido otras 25 de evidente inoperancia política: dos líderes de las grandes formaciones históricas del turnismo expresando sin tapujos que no quieren arriesgarse a competir por la Presidencia, dos formaciones emergentes con más pretensiones que capacidad real de desequilibrar esa balanza, incapacidad manifiesta de buscar consensos, apelaciones más centradas en cargos que en políticas, inexistencia de una agenda estratégica, exposición pública de miserias internas , y la guinda de un rey revestido de árbitro a su mayor gloria pero del que nadie sabía qué debía y qué podía hacer exactamente. Todo ello ha pintado otro retrato de un Estado mediocre, muy poco democrático, anacrónico y algo ridículo en una UE en la que, por ejemplo, 23 de sus 28 estados se gobiernan hoy con coaliciones, algo inédito en Madrid.
A Pedro Sánchez se le ha encargado poner en marcha el reloj, y con ello llega el test de si el Estado español es capaz de revertir esa situación, de convertir este colapso en una opción no ya de regenerarse, sino de reinventarse. Para ello necesitaría afrontar sus tareas pendientes, en terrenos tan inexplorados como el del reconocimiento de las naciones catalana y vasca y su derecho a decidir. Abrir puertas a la democracia real. Cuestionar primero y desmontar después sus tabúes, trampas, carencias. Impulsar una transición auténtica, en resumen, y no el sucedáneo de hace cuatro décadas. Sin duda, es mucho más de lo que se le puede pedir a un proceso de investidura, pero también es cierto que, si hubiera una opción, solo podría empezar por aquí. El despropósito de estos 45 días no indica que tengan fuerza para ello. Lo que tampoco está claro es que en Euskal Herria la haya para aprovechar la oportunidad.