En busca de fórmulas contra la precariedad

Ocurrió con Telefónica igual que con otras tantas empresas públicas: pese a ser sociedades estratégicas y rentables, se gestionaron desastrosamente, se privatizaron a precio de saldo y se convirtieron en grandes conglomerados que se apresuraron a fragmentar, externalizar y precarizar a gran parte de sus plantillas. El ejemplo es de libro: mientras los beneficios de la empresa no han dejado de crecer, las condiciones de la plantilla y de los trabajadores externos no han hecho sino menguar.

Frente a ello, trabajadores autónomos y subcontratados que prestaban servicios como titulares de la empresa sostuvieron en la primavera de 2015 una huelga indefinida de 80 días con epicentro en Barcelona. Una sonada movilización que contó con la solidaridad y la implicación activa de numerosos movimientos sociales, sindicatos, partidos y entidades cívicas. Una ayuda que ahora quieren devolver y multiplicar con el Correscales, una ola de 800 kilómetros de solidaridad entre Bilbo y Barcelona.

Se trata, en primer lugar, de denunciar la precariedad, símbolo y lacra de nuestros tiempos, además de tumba de aquel mito que dice que la desigualdad se combate con más empleo. Un mero apunte: pese a rozar la plena ocupación, en EEUU tampoco ha dejado de crecer el abismo entre ricos y pobres. Si la pretendida igualdad asociada a la clase media es la principal víctima de la crisis, la precariedad no es sino el brazo ejecutor.

Pero más allá de la denuncia, Correscales es también un experimento. Un laboratorio para ensayar renovadas formas de organización y movilización, imprescindibles ante la constatación que hace el propio sindicalismo de que el modelo conocido no es ya suficiente para dar respuesta a parados y precarias. No hay fórmulas mágicas, solo la certeza de que la solución pasa por resignificar y reforzar viejas ideas como la complicidad, la solidaridad y la ayuda mutua. Quedan por delante 800 kilómetros para inventar.

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