Fortalecimiento en las urnas de la posición kurda
El AKP del presidente Recep Tayyip Erdogan fue el partido más votado en las elecciones turcas del pasado domingo; sin embargo, no fue el vencedor. Al contrario, su resultado supone un notable fracaso para un partido acostumbrado, durante más de una década, a cosechar mayorías absolutas y que aspiraba a llevar a cabo un cambio constitucional para crear un sistema presidencialista en Turquía. Y la principal causa de su fracaso fue la irrupción en el Parlamento del izquierdista prokurdo HDP, que se enfrentaba a un reto inédito para una formación kurda y el domingo lo superó con solvencia, a pesar de los atentados contra sus actos electorales y el agresivo discurso del presidente turco poniéndolo en el punto de mira.
El principal vencedor de los comicios del domingo aglutinó, además del voto kurdo, un importante sector de la izquierda turca, hasta el punto de convertirse en el principal referente de la izquierda en el Estado turco. Cuantitativamente, valga la comparación entre los 30 diputados que consiguió en 2011 con candidatos independientes y los 80 que acaba de lograr. Sus resultados habrán sido celebrados a buen seguro incluso por los partidos de la oposición contrarios al reconocimiento de los derechos de los kurdos, no por el fortalecimiento del HDP, claro está, sino por el debilitamiento del AKP, consecuencia también de otros factores como su deriva autoritaria o la corrupción.
Descartada la posibilidad de reformas constitucionales, al menos unilateralmente, para acometer el sistema presidencialista con el que soñaba Erdogan, y a la espera de difíciles pactos entre formaciones, o tal vez de una nueva convocatoria electoral, los excelentes resultados del HDP suponen una buena y esperanzadora noticia para los partidarios de la paz con soluciones, en tanto en cuando suponen un notable fortalecimiento de su posición de cara a abordar un estancado proceso político de resolución del contencioso por los derechos del pueblo kurdo.