Hacer campaña por debates de país y por valores de izquierda
05/07/2020

La primera semana de campaña de las elecciones al Parlamento de Gasteiz, que tendrán lugar el próximo domingo, ha dejado una sensación extraña. El país parece estar mirando para otro lado, sin atender demasiado al esfuerzo que las fuerzas políticas está realizando para exponer sus programas pueblo a pueblo, en medios y redes.

Claro que estamos en medio de una pandemia global, que se acaba de salir de un confinamiento inédito, que esta medida tan contundente ha facilitado domar el ritmo de contagio del virus, pero que el riesgo de rebrotes y de una segunda oleada es muy real. No en California, en Lleida. Esto implica una incertidumbre salvaje, acuciada por la debacle de la economía, de los recursos y de las perspectivas. Todo ello dificulta hablar de otras cosas importantes, es difícil que compitan con semejante escenario apocalíptico.

Hasta ahora tampoco se ha visto en campaña la descomunal fuerza, la ambición y la voluntad que harían falta para gestionar la crisis y liderar al país a un nuevo escenario. El Gobierno que salga de las urnas lo va a tener complicado y debería ilusionar desde ya a su ciudadanía. La única certeza es que vienen tiempos duros.

No hay una atmósfera apropiada para el debate, toda vez que el coronavirus ha dejado estas semanas un resquicio por el que gran parte de la sociedad quiere salir, entretenerse, socializarse y desentenderse por un rato de las preocupaciones. Los ERTEs, los pagos, los recortes, los problemas para conciliar, el riesgo para las personas mayores, las perspectivas de la juventud… todo eso seguirá ahí cuando acabe el día, parecen decir. El confinamiento ha dejado a muchas personas en un frágil equilibrio. La deliberación no está entre las prioridades.

Vacunarse ante la pluralidad o debatir a fondo

En principio, algunas de las fuerzas en liza tampoco desean la confrontación de ideas y proyectos. Ansían que pasen los comicios y se confirmen las encuestas. Si no meten la pata, todo seguirá su curso, por lo que es mejor no debatir, no dar entrevistas, no hablar ni una coma más de lo ensayado en casa y en circuito cerrado.

El objetivo declarado de quien convoca estas elecciones, Iñigo Urkullu, es lograr la mayoría absoluta junto con el PSE. El objetivo es no tener que negociar con EH Bildu, con quien ya tenía esa mayoría, ni con nadie. La pasada legislatura ha sido la más pobre en leyes desde que se creó el Parlamento de Gasteiz, porque este Gobierno no quiere negociar. Por eso busca una mayoría absoluta, aun en un momento histórico tan crítico como este. Sería mejor que aprendiesen a dialogar, a ponerse en la piel del otro. Pero la idea es otra: vacunarse frente a la pluralidad del país. Patrimonializarlo todo.

La táctica para lograrlo es por puntos, por inercia. Empobreciendo el debate. A pesar de que vivimos tiempos de grandes dilemas y valores, de que están en duda desde la hegemonía global hasta la viabilidad del sistema, la idea es no hablar de nada. Cuando el mundo se debate entre la salud y la enfermedad, la vida y la muerte, lo público y lo privado, la democracia y el totalitarismo, los cuidados y el castigo, la igualdad y la desigualdad, el empoderamiento y la subordinación, los derechos y la represión, la libertad y la cárcel, el feminismo y el machismo… aquí se habla de la Comisión Mixta de Transferencias del Estatuto de Autonomía de 1979. Que también hará falta, claro, pero con algo de perspectiva, ¿no?

De igual modo, se quiere decretar el fin de las izquierdas y las derechas en el momento en el que hay una ofensiva global del totalitarismo y existe el riesgo de que Vox entre en el Parlamento. Según las encuestas que maneja Lakua, eso podría suceder por Araba, si la participación y quizás el PP se hunden. Este ha sido un territorio muy castigado por el coronavirus, con el «clúster de Txagorritxu», lo que puede retraer la participación y lo que facilitaría, según esas encuestas, la hipotética irrupción, ridícula pero muy desagradable, de los fascistas en la Cámara de Gasteiz.

El resultado de estas elecciones lo decidirán, seguramente, los fieles y las personas concienciadas. Quienes crean que siempre en política, pero más en un momento histórico en el que el planeta está en riesgo, hay algo importante en juego. Algo que tiene relación con esos grandes debates de la humanidad, con los valores tradicionales y renovados de la izquierda. Los que entiendan que el cambio político va más allá de legislaturas, pero que nunca es independiente del poder, y que votar es el mínimo exigible en toda lucha.

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