Justificar lo injustificable
El lehendakari Iñigo Urkullu compareció ayer en sede parlamentaria e intentó hacer un equilibrio imposible: admitir que algo se hace mal cuando se recurre a pagos con dinero público destinados a un medio de comunicación afín –Grupo Noticias– para que publique determinados reportajes o entrevistas y negar, a su vez, que haya un uso indebido de esos fondos. No es posible sostener que el Gobierno ha actuado con total transparencia cuando su responsable es obligado a dar explicaciones al haber sido cogido en renuncio, tras una investigación parlamentaria que ha destapado un modus operandi que no deja en buen lugar ni al lehendakari en particular, ni al medio de comunicación en cuestión ni al periodismo en general. Hubiera sido más sencillo para Urkullu reconocer con humildad esa mala práctica y comprometerse a depurar las responsabilidades que de ella se derivan, a recuperar ese dinero de todos y a establecer criterios claros y medidas concretas para que no vuelva a ocurrir.
Urkullu ha optado por el camino del medio. En unas explicaciones que no han convencido a nadie más que a su propio partido, ha procurado salir del atolladero intentando explicar las diferencias entre publicidad y patrocinio. Pagar por un reportaje sobre la gripe, por ejemplo, no puede considerarse como un acto de patrocinio. Si pagar para que un periódico ensalce las virtudes y el buen hacer de un departamento no es publicidad, ¿qué es entonces? El argumento, sencillamente, no se sostiene. El lehendakari no puede justificar así lo injustificable. La ciudadanía vasca merece otro nivel.
No se puede tratar de manera infantil ni engañar a la población del país. No se puede presentar como información veraz lo que no es sino publicidad institucional. No se puede adjudicar información patrocinada a grupos afines y favorecer así una apuesta comunicativa de partido. El precedente que crea y la cultura que fomenta son muy peligrosos. Ni este país es un cortijo ni el lehendakari debe actuar como un señorito.