La España diversa es una cárcel de pueblos

Los fastos organizados ayer en Madrid pusieron el broche a la proclamación de Felipe de Borbón como rey español, una transición monárquica ejecutada en tiempo récord y que fue recibida con mayor entusiasmo en el Congreso que en la calle, donde a pesar de la campaña lanzada para aclamar al nuevo capitán general del Ejército –como tal acudió al acto–, el ambiente distó mucho de poder ser considerado fervoroso. Es evidente que la mayoría de los madrileños optó por aprovechar la jornada festiva para otros quehaceres más gratificantes.

Ningún mandatario aludió ayer a la socorrida mayoría silenciosa. Es lo de menos, lo importante era pasar el trámite del relevo sin mayores contratiempos, y la secuencia posterior a la abdicación ha demostrado que lo que se dejó atado permanece atado. En su primer discurso tras la entronización, el monarca hizo mención a la «diversidad cultural» del Estado y afirmó que en esa España diversa caben todos; «todos los sentimientos, todas las formas de sentirse español». Una afirmación que no es cierta: las vallas y concertinas de Melilla son un buen ejemplo de que no todos tienen cabida y que hay ciertas diversidades que no son bien recibidas. Por otra parte, esa misma frase, si se mira desde otra perspectiva, pone de manifiesto la gran falla que tiene todo ese andamiaje argumental, pues aunque en España cupieran «todos», seguiría sin solventarse el déficit democrático que supone el obligar a ser parte de ella a quien no quiere serlo. ¿Qué ocurre con quien no se siente español de ninguna de las formas? Esa es la pregunta a la que el Estado todavía no es capaz de responder en términos de respeto.

Esa «España diversa» es una cárcel para las naciones que reivindican su soberanía. Pero también lo es para la propia sociedad española, a la que se le ha hurtado no solo la capacidad de decidir sobre la Jefatura de Estado, sino incluso la posibilidad de protestar públicamente o discrepar respecto al modelo impuesto. Felipe de Borbón es más joven y menos achacoso, pero su régimen es el mismo que heredó su padre hace cuatro décadas. 

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