La insoportable «normalidad» de Gaza
El conflicto palestino-israelí es fuente habitual de noticias. Recientemente lo ha sido la reacción del primer ministro israelí a la solicitud palestina de adhesión a la Corte Penal Internacional; anteriormente, declaraciones de la ONU respecto al conflicto. Pero la población palestina solo es noticia cuando es víctima de una ofensiva armada israelí. Pudiera parecer que cuando cuando no son bombardeados, expulsados de sus casas y encarcelados masivamente los palestinos viven con normalidad. Nada más lejos de la realidad. Esa «normalidad» en Gaza se llama bloqueo, y se agudiza a medida que Egipto hace cada vez más pequeña la única ventana que comunica la Franja con el mundo. Sus habitantes sobreviven a duras penas entre los escombros a los que dejaron reducido el territorio las bombas israelíes y a merced del temporal que estos días azota la zona, sus enfermos sin la atención médica necesaria, sus jóvenes sin poder desplazarse para estudiar y las familias separadas.
La disculpa del Gobierno golpista de Al-Sissi para cerrar el paso de Rafah y construir una zona de amortiguación con Gaza son los atentados islámicos en el norte del Sinaí; sin embargo, la colaboración con el bloqueo se remonta a hace más de siete años, y realmente responde a la alianza con Israel frente a Hamas. El Egipto golpista muestra así su verdadera naturaleza, la misma que mostraba antes de aquello que se llamó «primavera árabe» y que el actual régimen se ocupó de convertir en crudo invierno, cuyo aire gélido padecen en el interior y llega a la vecina Gaza con mayor virulencia. Todo ello ante la indiferencia de una comunidad internacional que dice salvaguardar los derechos humanos.
Hoy los aviones israelíes no sobrevuelan Gaza repletos de bombas, pero la población de la Franja está constantemente a la intemperie, sometida a las penurias del día a día y sobre todo al bombardeo diario del olvido que la condena a una insoportable «normalidad» que pide solidaridad mucho más allá de los buenos deseos.