Lo más claro, la voluntad de Crimea

Tras la previsible y abrumadora victoria de la opción favorable a la anexión de Crimea a Rusia es hora de ir despejando las crecientes interrogantes sobre el conflicto que afloró a raíz de la destitución del presidente electo ucraniano, Viktor Yanukovich. Un conflicto que tiene como primera expresión la difícil relación entre Ucrania y Rusia, y el enfrentamiento en el primer país entre los partidarios del acercamiento al este y quienes prefieren girar en la órbita europea. Pero el litigio ha reavivado además las discrepancias entre Rusia y Occidente. Así, mientras el gobierno de Crimea anunciaba que hoy mismo solicitará formalmente la adhesión a Rusia, la Casa Blanca aseguraba que no permanecerá de brazos cruzados, y la Unión Europea no esperaba al resultado del referéndum para anunciar sanciones contra Moscú.

Durante la crisis ucraniana, Estados Unidos y Europa no han disimulado su apoyo a quienes derrocaron al Gobierno. Rusia se ha mantenido, si no al margen, expectante, hasta el momento de movilizar sus tropas en Crimea. Y ahora parece impensable que, a pesar de las amenazas de sanciones de la Unión Europea y Estados Unidos, dé marcha atrás. No solo por el nivel de compromiso que ya ha adquirido, sino porque en la pugna geoestratégica se ha encontrado con la presencia de Occidente en sus fronteras.

A la espera de la evolución de los acontecimientos, no se puede soslayar la alta participación en el referéndum, muy superior a la habitual en «democracias modélicas», así como el incontestable resultado que no deja duda alguna acerca de la voluntad de los habitantes de Crimea. Sin embargo, los gobiernos de Occidente, los mismos que reconocen un gobierno formado por quienes recientemente derrocaron a un presidente legítimo, se niegan a aceptar ese resultado, demostrando una vez más que sus respaldos y rechazos no entienden, no quieren entender, de la voluntad de la ciudadanía, y mucho menos de su bienestar, sino de sus propios intereses geoestratégicos. Un doble rasero cuya justificación no es sino muestra de hipocresía.

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