Menos policía, mucha diversión

Da igual que uno tenga memoria más de elefante o de pez o a qué generación pertenezca, pero lo cierto es que en las últimas décadas de la historia vasca las fiestas populares en Euskal Herria han ido asociadas a conflictividad y enfrentamiento. Si se evoca Iruñea, vienen a la memoria inmediatamente desde la sangrienta irrupción policial de 1978 que se cobró la vida de Germán Rodríguez hasta las cargas contra la ikurriña que derivaron en un joven madrileño herido muy grave por un botellazo en 2010. Si es Bilbo, de la «guerra de las banderas» o aquella agresión a un ertzaina en las txosnas a la irrupción de la Ertzaintza en el mismo recinto a la caza de fotos de presos en 2009. Si es Gasteiz, no están lejos aquellas bajadas de Celedón que acabaron incluso siendo usadas como artillería para la ilegalización de Batasuna en el Tribunal Supremo. Y en cualquier otra localidad vasca que se rastree, comenzando por Donostia, no será difícil recordar cargas policiales y otras vulneraciones de derechos convertidas en aguafiestas.

Cuando el ciclo festivo de este año está llegando a su ecuador, la fotografía resultante es muy distinta. Y no se trata –como reflejan el chupinazo de Iruñea, el arranque de Gasteiz e incluso la escenografía de las fiestas de Baiona– de que las reivindicaciones políticas y sociales hayan desaparecido, sino más bien al contrario, se mantienen y prolongan con nuevas campañas potentes como la dirigida contra la lacra de las agresiones sexistas. La diferencia estriba en la desaparición o difuminación paulatina de una larga lista de acciones represivas que nada pintaban en la fiesta: la exclusión de la ikurriña, la persecución de la solidaridad con derechos humanos, la parafernalia policial. Era eso, no otra cosa, lo que durante años ha convertido las fiestas vascas en un auténtico parte de guerra. La ecuación ya la cantó un grupo vasco en los años 80: Mucha policía, poca diversión. Y la moraleja añadida es que la convivencia no resulta tan difícil en este país cuando sus gobernantes, esos que tanto la mentan, no la torpedean.

Buscar