Música, euskara, comunidad. EHZ cumple 30 años
Euskal Herria Zuzenean (EHZ), la cita que anualmente rompe con los moldes de los festivales musicales en Ipar Euskal Herria, cumplirá este verano 30 años. Tres décadas de trabajo comunitario y autogestionado para levantar puntualmente una plaza al euskara, a la música y a la cultura vasca. Hoy presentarán el libro en el que recogen la historia del evento y los recuerdos de las diferentes generaciones que han participado en su organización. Junto al podcast ya publicado y el documental que verá la luz en noviembre, el libro forma parte del esfuerzo por recoger lo vivido hasta ahora, proyectarlo al futuro y legarlo a las generaciones que van entrando en la dinámica del festival.
En un momento en el que los macrofestivales monopolizan cada vez en mayor medida la escena musical, también en Euskal Herria, espacios autónomos que miren a lo que se produce, se toca y se canta en el país cobran especial relevancia. Pero la historia de EHZ no empieza precisamente ahora y su aportación va bastante más allá de lo estrictamente musical. Desde 1996, lleva treinta años tratando de coser el interior de Ipar Euskal Herria con la costa labortana, remendando una brecha creciente y abriendo, de paso, una ventana que sirve a mucha gente de Hego Euskal Herria para conocer el norte del país, sus maneras y sus haceres. Tres décadas, también, ofreciendo una plaza única en Iparralde a la música hecha en euskara, a la cultura vasca y al euskara mismo. Porque el festival, más allá de los conciertos, incluye una programación diversa y variada que imprime un sello singular a la cita.
Con sus altibajos, sobre los cuales también hablan las protagonistas de todos estos años, el compromiso de quienes han formado parte de EHZ ha sido siempre construir un espacio de trabajo comunitario y compromiso militante, más ligado a la práctica que a la teoría, con unos principios claros, pero con la flexibilidad suficiente para adaptarse al paso del tiempo y a los cambios sociales, políticos y económicos habidos en estos años, que no han sido ni pocos ni pequeños. Solo cabe alegrarse por el aniversario y desear otras tres décadas de música, euskara y comunidad.