No habrá paz en Siria sin atender el conflicto kurdo

En medio de un mundo en llamas y con Donald Trump ejerciendo de pirómano, la ofensiva del Ejército sirio contra los barrios kurdos de Alepo ha pasado totalmente desapercibida para el gran público. Incluso para personas interesadas en el tema, ha sido difícil interpretar el choque entre las fuerzas de Damasco y los kurdos, después de que en marzo ambas partes firmasen un acuerdo para integrar las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) –mayoritariamente kurdas– en las instituciones del Estado sirio, en proceso de reconfiguración tras la huida de Bashar al-Assad y la llegada al poder de Ahmed al-Sharaa con el beneplácito de Turquía y las potencias occidentales.

El reportaje que GARA publica en la edición de hoy ayuda a descifrar algunas de las claves de la ofensiva de Damasco y, sobre todo, a contextualizar lo que está ocurriendo en Alepo. Todo viene, en la versión más inmediata, de la ambigüedad del acuerdo de marzo, que en el Gobierno interpretaron como un paso para la integración y disolución de las milicias kurdas en el seno de las estructuras estatales sirias, mientras que entre los kurdos se vivió como una puerta abierta al reconocimiento de cierto grado de autonomía. El choque entre estas dos visiones, irreconciliables a largo plazo, ha generado fuertes tensiones durante los últimos meses, lo que ha acabado cristalizando en los bombardeos de Alepo, que han causado una cifra indeterminada de fallecidos –se da un balance provisional de 30– y 150.000 desplazados en una semana.

La reanudación de los enfrentamientos a última hora de ayer, tras unas horas de frágil calma, confirma que el problema de fondo no puede solucionarse a base de parches ni acuerdos coyunturales. El nuevo Ejecutivo sirio, que se estrenó con las matanzas contra los alauíes, difícilmente encontrará alicientes para abordar la raíz del conflicto mientras recibe las bendiciones de las grandes capitales occidentales. Pero el problema no desaparecerá a cañonazos. De hecho, no lo hará hasta que Damasco atienda las legítimas demandas del pueblo kurdo, cuyo derecho a gobernarse es innegociable.

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