Recursos que perpetúan la excepcionalidad

Sare compareció ayer de urgencia en Gasteiz para denunciar los recursos que la Fiscalía de la Audiencia Nacional española ha presentado contra el tercer grado de Unai Parot y contra la semilibertad de Marixol Iparragirre, ambas aprobadas por el Gobierno de Lakua y avaladas por los equipos que los tratan a diario en las cárceles vascas. Recurrirlas pese a ese respaldo es lo que la red ciudadana calificó de «venganza», y lo confirman unas trabas constantes que no solo dañan a las personas presas y a sus familias, también desautorizan a los profesionales penitenciarios y han sido cuestionadas por juristas de muy diverso signo. 

En el caso de Iparragirre, el juez de Vigilancia Penitenciaria ya rechazó esa misma medida en abril, y pidió incluso que se modificara el artículo 100.2 que se le aplica a la presa vasca. Aun así, la junta de tratamiento volvió a proponerla por unanimidad y la Fiscalía la ha recurrido de nuevo. Respecto a Parot, el Ministerio Público ha recurrido el tercer grado de un preso que debería estar en la calle tras más de 35 años encarcelado, más que ningún otro en el Estado español. Más allá de nombres concretos, uno y otro caso se apoyan en un andamiaje jurídico levantado contra los presos y presas vascas. Ejemplo de ello son la ley 7/2003 de Aznar, que elevó a cuarenta años el cumplimiento efectivo de las penas, y la 5/2003, que llevó su vigilancia de los juzgados próximos a la Audiencia Nacional, un tribunal de excepción situado a 500 kilómetros de los presos y sin conocimiento directo de su evolución. A ese armazón se sumó en 2022 la decisión del Tribunal Supremo que permite a la Fiscalía frenar la excarcelación con un solo recurso, antes incluso de que el juez la revise.

Hace tres años quedó atrás la dispersión, tras más de tres décadas de sufrimiento. Pero aquel paso no vino acompañado del fin de la inercia vengativa, que hoy encuentra nuevos cauces. Decisiones como las que denuncia Sare obedecen, sin embargo, al interés de unos pocos y chocan de frente con lo que reclama la mayoría de la sociedad vasca, cuya perseverancia ha empujado cada avance durante todos estos años y mantiene intacto su compromiso contra la excepcionalidad.

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