Reiventarse en esta nueva fase histórica para ser eficaces en el uso y avance del euskara
Desgraciadamente, cuando una norma o declaración en relación con el euskara habla de adaptarse a «la realidad sociolingüística», eso suele suponer asumir la disglosia y la discriminación de la lengua vasca. Es decir, no se van a destinar más recursos ni a adaptar el sistema, sino que se va a pedir compresión a los y las euskaldunes para no hacer lo que hay que hacer si se quiere que el euskara sobreviva en todos sus territorios y se desarrolle plenamente en todos los ámbitos sociales. Claro que algunos no quieren eso, aunque no lo digan así. Cuidado, hasta que lo dicen sin complejos.
No obstante, adaptarse es importante y no hay que renunciar a hacerlo. Especialmente cuando la sociedad cambia a una velocidad vertiginosa que puede hacer temblar a lenguas asentadas y con muchos más hablantes que el euskara y a estructuras mucho más potentes que la endeble institucionalización vasca.
Cambiar no es fácil. Por eso, hay que destacar el esfuerzo de Topagunea –en adelante Taupa– para realizar una reflexión y adaptarse a las nuevas realidades sociales, atendiendo al relevo generacional, a las nuevas formas de politización y activismo, renovando compromisos, discursos y prácticas para multiplicar el uso del euskara y garantizar su salud.
Esquemas del pasado y dogmas de toda la vida
Tras deshacerse ETA, Euskal Herria vive una nueva fase histórica, pero a menudo se reproducen esquemas del pasado. En relación con el euskara, la regresión en derechos y políticas que promueven algunos lobbies a través de la judicatura española es inaceptable.
En todo caso, la resistencia al cambio es general y hay dogmas que permean las prácticas políticas vascas. Por ejemplo, el catastrofismo puede provocar una reacción inmediata en un grupo militante, pero todo indica que a medio plazo desmoviliza, abona el fatalismo y aparta a sectores más amplios. Eso no quiere decir que no haya que ser riguroso. Porque su reverso, un buenismo que niega los problemas y los conflictos, no responde a una realidad que se enquista y, en algunos terrenos, retrocede.
Tampoco son realistas los idealismos que sostienen visiones que no responden a la situación de casi ninguna parte del país. Lo mismo pasa con todo tipo de nostalgias, tanto las relacionadas con la juventud –«entonces sí que…»– como las que relatan edades de oro ahistóricas que nunca van a regresar. Fiscalizar mucho y no rendir cuentas nunca funciona.
Reinventarse o caer en la decadencia
El euskara necesita una estrategia eficaz, con plazos y fórmulas, adaptada a los diferentes territorios y sectores de la sociedad vasca. Una estrategia realista y ambiciosa, que atienda a los retos que afronta Euskal Herria en este momento histórico, desde los flujos migratorios hasta la Inteligencia Artificial. Debe ser una estrategia compartida entre quienes lideran esa misión, junto con las instituciones, entidades y ciudadanos y ciudadanas que apoyan esta causa.
Parte de esa estrategia es ampliar esa base social, en número y en terrenos. Euskaldunes, euskaltzales y la ciudadanía vasca en general deben vincularse a esa labor y realizar su aportación, seguros de que los esfuerzos tienen sentido. Desde la euskaldunización al activismo, se acertará o no, pero no será por no intentarlo y evaluarlo. Hay que afinar ese concierto de ideas, propuestas, prácticas, valores, acuerdos y desacuerdos para avanzar en la normalización y el desarrollo del euskara. Taupa ha dado un paso, pero son conscientes de que no hay fórmulas mágicas. Hay que trabajar y acertar.
También en el terreno de los medios de comunicación harán falta cambios si se quiere avanzar en esos objetivos compartidos. Desde su nacimiento, ese es el compromiso de GARA y de su comunidad.