Salidas racionales a una emancipación precaria

La dificultad a veces insalvable para acceder a una vivienda digna se ha situado como principal motivo de preocupación en la sociedad vasca y va a ser uno de los grandes asuntos de debate en los próximos años. Lo cierto es que los datos avalan esa inquietud. El último informe del Observatorio Vasco de la Vivienda constata por ejemplo un cambio en el perfil de las personas demandantes de vivienda protegida, de modo que si hace una década predominaban quienes vivían en el domicilio familiar y buscaban acceder a su primera vivienda, hoy en día una parte significativa de los inscritos en Etxebide ya se ha emancipado y reside en el mercado libre del alquiler. Son, de hecho, casi tres de cada cuatro, y prácticamente ocho de cada diez si se tiene en cuenta a quienes residen en viviendas cedidas por familiares o amistades.

A efectos estadísticos son personas emancipadas, pero su situación dista de ser óptima para desarrollar un proyecto de vida. Al contrario, ese objetivo se antoja imposible para quien debe compartir vivienda para poder afrontar el coste del alquiler, algo que ocurre con un tercio de quienes solicitan una vivienda protegida en alquiler y el 28,5% del total de inscritos en Etxebide. Son porcentajes que dan la medida del problema y que se entienden por el hecho de que para las personas o familias emancipadas que demandan alquiler protegido el esfuerzo medio para arrendar una vivienda alcanza el 44,1% de sus ingresos. Habría que hablar en estos casos de emancipación precaria, pues el gasto habitacional apenas deja margen para afrontar el resto de gastos necesarios para subsistir. 

Emanciparse es un objetivo que aparece en el horizonte vital de la mayoría de las personas, un derecho que se le hurta a una parte importante de la sociedad. El consejero de Vivienda de Lakua, Denis Itxaso, dijo ayer que regular el mercado de la vivienda «funciona», y los datos corroboran tal afirmación. La regulación, sin embargo, se ha llevado a cabo con una timidez exasperante e insuficiente para provocar cambios estructurales. Está en su mano ser mucho más audaz de lo que ha sido hasta ahora, bien por falta de ganas o de apoyo en el seno de un Ejecutivo ambivalente en esta y en otras materias.

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