Se cierne una borrasca sobre la Rusia olímpica

Una potente bomba detonada según fuentes policiales por una activista daguestaní acabó ayer con la vida de 16 personas y causó decenas de heridos en una estación de tren de Volgogrado, la antigua Estalingrado. El atentado suicida se produce solo dos meses después de que en esa misma ciudad otra mujer oriunda de Daguestán hiciera saltar por los aires un autobús matando a seis viajeros. A aquella acción le sucedió una amplia operación por parte de las fuerzas de seguridad rusas al objeto de neutralizar otros posibles ataques, pero la explosión de ayer pone de manifiesto que la batida no cumplió su objetivo. Y este hecho pone a Rusia ante una complicada situación cuando falta poco más de un mes para el comienzo de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi.


Una situación difícil porque Doku Umarov, uno de los líderes de la rebelión que pretende implantar un estado islámico en el Cáucaso Norte, hizo en julio un llamamiento a boicotear con todos los medios posibles la cita olímpica, que el Gobierno de Vladimir Putin está preparando con mimo. Es presumible que la guerrilla comandada por el checheno intente aprovechar el impacto político y mediático de la cita, y la sucesión de atentados en una de las principales urbes del gigante euroasiático debería encender las alarmas en Moscú.


Con todo, el problema que tiene el Kremlin es de mucho mayor calado y de más largo alcance que el de un eventual fracaso olímpico. A pesar de haber pasado a un segundo plano una vez aplastada la insurgencia chechena, el conflicto caucásico sigue abierto y sin visos de solución. Al contrario, la guerra a sangre y fuego contra los independentistas ha servido para aupar a los islamistas como principal enemigo, y aunque Putin ha logrado mantener la situación más o menos «controlada», la región es un polvorín. No hay que olvidar, asimismo, que miles de chechenos combaten en estos momentos en Siria, y que cuando regresen, con mayor bagaje y experiencia, podrían hacerlo acompañados, pues muchos de sus compañeros de armas están deseando pasarle a Rusia la factura de su apoyo a Damasco.

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