Seis meses ante un difícil reto que exige tenacidad

Hoy se cumplen exactamente seis meses de la victoria electoral de Syriza en los comicios del 25 de enero. Un triunfo que se vivió con ilusión y que generó en muchos ciudadanos, no solo griegos, la esperanza en torno a un posible cambio en la lógica asfixiante de la austeridad. Un periodo que probablemente al Ejecutivo de Alexis Tsipras le haya parecido una eternidad.

Sin embargo, la profundidad de la crisis que vive Grecia, el choque de modelos e intereses, unido al carácter ejemplarizante que unos y otros confieren al caso, hacen que la situación se haya enconado. En todo caso, seis meses es muy poco tiempo. Hace medio año nadie creía que cumplir con el mandato popular de dar una salida digna a la crisis humanitaria fuese posible en estos plazos. Y si lo creía estaba equivocado. Los cambios históricos no siguen el ritmo de la ciclotimia emocional de doctrinarios foráneos, sino el que marcan las condiciones objetivas, los líderes y los propios pueblos. Tsipras ha perdido una batalla, no la guerra, y así lo admite públicamente. Pero también ha ganado un tiempo que necesitaba para buscar alternativas. Juzgarlo tan severamente en este punto requiere un grado de información al que la mayoría no tiene acceso, un nivel de soberbia que es demasiado común al evaluar a terceros y cierto desprecio por lo que opinen los griegos. Los mismos que respaldaron su propuesta en el referéndum y que, según marcan todas las encuestas, no le han retirado su apoyo después. Si bien la crítica es a veces revolucionaria, la falta de humildad no lo es jamás.

Es posible que Tsipras se haya equivocado y no hay duda de que ha cometido errores. Probablemente, dadas las dimensiones del reto y las fuerzas reales de Syriza, algunas de las expectativas no se correspondían con la realidad. Pero para juzgarles no solo basta con principios; hacen falta finales. Aún falta un tiempo para conocer como termina esta lucha, que requerirá paciencia y tenacidad.

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