Subordinadas de Eroski: dar gato por liebre

El caso de las aportaciones financieras subordinadas emitidas por Eroski y comercializadas por el BBVA ha llegado a los tribunales. Mientras tanto, los consumidores que compraron las emitidas por Fagor Electrodomésticos anuncian demandas judiciales. Miles de vascos, mayormente de avanzada edad, fueron invitados por sus respectivos gestores a invertir sus ahorros en productos «de rentabilidad excepcional», «de absoluta garantía» en las firmas de más prestigio del país. Se les colocó un producto corrupto, propio de tahúres, no solicitado ni buscado por el común de los clientes, sin ni siquiera, en muchos casos, darles la información mínima necesaria. Se les presentó la oferta como un simple depósito de capital con buena rentabilidad, liquidable en cualquier momento, cuando verdaderamente se les colocaba una deuda de alto riesgo y larga duración, no amortizable salvo a elección de la entidad bancaria y no cubierta por el Fondo de Garantía de Depósitos.

Jurídicamente, concurren los requisitos de un delito de estafa. A los contratantes les dieron gato por liebre y, como consecuencia, algunos han sido perjudicados en bienes de primera necesidad y abocados a una desesperada situación económica. Estos productos tóxicos son legales, cierto, pero no así las cláusulas de los contratos, que están plagadas de vicios de consentimiento.

Pero más allá del recorrido jurídico de este caso, hay otros factores que no deben obviarse. Cuando se vendieron las aportaciones preferentes, a Eroski y a Fagor no les iba tan mal. Es verdad que ambas utilizaron el dinero para comprar nuevas marcas –Brandt y Caprabo– y, sin duda, de no haber buscado crecer a toda costa, de no haberse obsesionado con la idea de que ser más grande es sinónimo de adaptarse mejor y de tener más fuerza de supervivencia, Eroski y Fagor estarían hoy mucho mejor. Ambas deben una explicación y una autocrítica en ese sentido. Ahora que casi nadie está libre de las inclemencias de la crisis y que esta le ha dado la vuelta a casi todo, la situación es aleccionadora, y es negativa para todos: esas empresas están bastante peor, y esos miles de familias, al borde del desastre.

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