Suníes contra chiíes: pierden siempre ambos
El ejército iraquí realizaba ayer ataques aéreos en Ramadi contra las posiciones del ISIS (Estado Islámico de Iraq y el Levante), una de las franquicias de Al Qaeda que junto con Falluyah controla las dos ciudades en la vasta provincia de Al Anbar. En Siria, grupos de la oposición armada se enfrentaban en Alepo contra miembros de esta organización yihadista en los más graves enfrentamientos conocidos hasta ahora. Desde Líbano llegaba la noticia de la muerte en extrañas circunstancias del emir saudí de otra franquicia de Al Qaeda, responsable del atentado contra la embajada de Irán. En Yemen, casi treinta personas morían en enfrentamientos entre salafistas y houtis, suníes contra chiíes según el relato periodístico, reduccionista y engañoso, de agencias. Boko Haram en Nigeria o Seleka en la República de Centro África, nombres desconocidos hace una década, continúan con sus masacres. Todas estas realidades, tan diferentes pero ahora tan iguales, atribuidas erróneamente al sectarismo, a la vieja animosidad y el cisma entre musulmanes suníes y chiíes, son en realidad un pretexto, un «casus belli» para que EEUU continúe su intervención militar en África, Oriente Medio y el sur de Asia.
El alineamiento de intereses e identidades a nivel local junto con la dinámica a nivel regional –básicamente la guerra no declarada entre Irán y Arabia Saudí– hace posible igualar identidades políticas y sectarias, la amalgama que constituye una trampa en la que muchos análisis caen. En Siria, por ejemplo, donde la guerra es fundamentalmente un conflicto de poder, son muchos los que redibujan mapas sectarios y concluyen que es otro escenario más de guerra entre suníes y chiíes por el control de Oriente Medio. Y no son pocos, con Israel al frente, los que se frotan las manos esperando que el caos sea el resultado final de la guerra, que nadie gane y que nadie pierda y que todos sigan desangrándose.
No, el sectarismo es un concepto inventado usando material histórico, económico y cultural para movilizar y reclutar en guerras de poder y de control sobre los recursos. Cuando suníes y chiíes son arrastrados a esas guerras, pierden siempre los suníes y chiíes.