Un año para que Nafarroa deje de decidirse en Madrid

La historia se repite en Nafarroa, ya no se sabe si como tragedia o como farsa. La decisión del PSOE de impedir al PSN presentar una moción de censura, consumada anoche, no ha sorprendido a casi nadie dada la deriva de los últimos días. Pero eso no significa que nada haya cambiado. Al contrario, el tablero navarro se ha convertido en un disparate absoluto en el último mes, capaz de abrir los ojos hasta a quienes más se resistían a ver. La partida no se ha jugado en Iruñea sino en Madrid, y tan patético ha resultado el sometimiento del PSN a Ferraz como la desesperada apelación de UPN en el Congreso para mantener a Barcina porque «España se fractura», o el apoyo descarado del PP a su en teoría contrincante electoral navarro, o el emplazamiento público ayer de Miguel Sanz (UPN) a Yolanda Barcina para que tome decisiones que eviten el desplome del PSN.

Tal totum revolutum deja muy claro que no hay diferencias sustanciales entre quienes sustentan el estatus. Los tres deciden en Madrid. Los tres se reparten el poder (y, de paso, las dietas). Los tres se tapan las vergüenzas mutuamente. Los tres usan el discurso del miedo como único recurso. La cantidad de baterías gastadas en una batalla en la que, conviene no olvidarlo, solo se ventilaba si las elecciones se adelantaban un año refleja la descomposición del régimen, un gigante con pies de barro. El último mes no ha podido ser más clarificador.

Probablemente hoy muchos focalicen la atención en si Roberto Jiménez y su equipo dimiten o siguen, en si Barcina sale o no reforzada, en si Lourdes Goicochea ha incurrido en prácticas corruptas o no. Las cosas son más simples, y a la vez más profundas, que todas esas nimiedades politiqueras. En Nafarroa empieza la auténtica cuenta atrás. Falta un año para que en esas urnas a las que tanto temen se decante si el futuro de Nafarroa lo decide la ciudadanía navarra de una vez y para siempre, o sigue cautivo de intereses y trapicheos en Madrid.

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