Un memorando preciso que no impide la cautela
En el contexto del G7, a través de un funcionario que lo dictó a periodistas, la Administración Trump desveló anoche el contenido del memorando de entendimiento entre EEUU e Irán. Según desveló, el pacto decreta el cese inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido Líbano. Se abre un plazo de 60 días para negociar el acuerdo definitivo, donde se tratará la cuestión nuclear. Washington levantará el bloqueo naval a Irán en 30 días, restableciendo el tráfico comercial previo a la guerra, y retirará sus tropas de las proximidades del país un mes después de la firma final, que podría ser hoy mismo en Suiza. Asimismo, una vez reabierto, el Estrecho de Ormuz operará libre de peajes durante dos meses, mientras Teherán y los Estados del Golfo diseñan un marco regulatorio. El pacto contempla un fondo de 300.000 millones de dólares para la reconstrucción de Irán, acompañado del desmantelamiento total y progresivo de las sanciones. A cambio, Irán renuncia definitivamente al arma nuclear, a la vez que gestionará y se deshará del material que ha enriquecido, todo bajo la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
En su comparecencia, Donald Trump justificó el acuerdo en base a la necesidad de «evitar la catástrofe económica» global, sin asumir ninguna responsabilidad en ese caos. Recurrió a su habitual perorata sobre retomar los ataques si hay incumplimientos, etcétera, pero se refería a violaciones del acuerdo por parte de Irán, no de Israel, que intenta sabotear el pacto por todos los medios. Este es uno de los puntos clave del memorando y su redacción, con referencia directa al Líbano, no deja margen al debate. Eso no quiere decir que no requiera una gestión que, por ahora, será diplomática.
En general, lo que ha trascendido refuerza las tesis de la parte iraní, adoptando su agenda y su lenguaje sin ambages. Rozando la capitulación, Trump va a tener difícil venderlo. Para empezar, empeora el acuerdo nuclear de 2015. En todo caso, es casi imposible medir las consecuencias que tendrá en la pugna por la hegemonía y el reordenamiento internacional. Sin triunfalismo, sigue siendo tiempo de cautela.