Un mensaje más desiderativo que real
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) sostiene en su último informe que existen elementos positivos en la evolución de los miembros «periféricos» de la zona euro, y que las reformas estructurales emprendidas por sus mandatarios constituyen «bases sólidas» para su recuperación. Una afirmación lo suficientemente vaga como para no desecharla, pero que, a la vista de los datos, es más un mensaje desiderativo que una aproximación real a la situación. Hace solo tres días que Mariano Rajoy admitió la necesidad de revisar, a peor, las previsiones para el presente ejercicio ante el deterioro de la economía española, y el trance que vive el resto de los estados del sur europeo no difiere mucho del español.
En este sentido, asegurar que se han conseguido «progresos considerables» para, a renglón seguido, pedir una flexibilización en los programas de reducción del déficit supone admitir implícitamente el quebranto económico que las políticas de la troika han causado a los estados bajo su supervisión. De hecho, esa admisión implícita pasa a ser una crítica explícita cuando el economista jefe del «club de los países ricos», Pier Carlo Padoan, afirma que no hay que cumplir las metas de déficit de forma inmediata porque eso no haría más que empeorar los efectos recesivos de la caída del gasto público, y que economías con superávit como Alemania podrían hacer más para estimular la recuperación de la eurozona. Más llamativo resulta el balance respecto al desempleo, que la OCDE asume que sigue deteriorándose y que no enmendará sus cifras mientras no haya un crecimiento sostenido y consistente. Teniendo en cuenta que el paro es precisamente el problema más importante de la mayoría de los países aludidos, el mensaje optimista se diluye por completo.
En un momento de cuestionamiento general de las políticas europeas, la OCDE ha querido transmitir una confianza que nadie comparte. La luz que señala se parece demasiado a la del tren que viene de frente.