Un modelo dañino para el Casco Viejo de Bilbo

La tradicional buena salud del comercio del Casco Viejo de Bilbo se resiente. Los vecinos y comerciantes lo saben de primera mano, porque viven día a día ese declive comercial cada vez más evidente que incluso el Ayuntamiento reconoce. Se podría achacar a la crisis, por lo socorrido del argumento, pero quienes ven sus comercios y bares en peligro o han tenido que cerrarlos aseguran que se debe a un modelo comercial dirigido al turismo en perjuicio del comercio que forma parte de la personalidad del barrio.

Nadie, y menos los comerciantes, negará la conveniencia de facilitar una oferta turística que debería revertir en el bienestar de los ciudadanos del lugar. Pero cuando su efecto es el contrario y perjudica a quienes se supone que debería favorecer, si no absurdo, por responder a ciertos intereses, se trata de un engaño. No parece ser el primer caso, toda vez que la proliferación de licencias a las que acceden, por ejemplo, franquicias hosteleras coinciden con las dificultades de los comercios y bares que se ven obligados a cerrar por no poder hacer frente a unas rentas solo asumibles desde la lógica especulativa, lo que redunda en ese decaimiento del comercio tradicional y también, por tanto, en la pérdida de la idiosincrasia del Casco Viejo. Es obvio que ese aumento de nuevas licencias no hace sino alimentar la dinámica especulativa.

Ciertamente, nadie pondría objeción alguna a un programa que propugna el fomento del comercio de un municipio o barrio. Lo lamentable es que de la concreción de algunos programas se suele tener noticia a la hora de su aplicación. Y si sistemáticamente solo unos pocos pueden disfrutar de sus eventuales buenos resultados y el resto resulta además claramente perjudicado, más que la aplicación falla el modelo de ese programa. Como el que cada vez más vecinos y comerciantes del Casco Viejo bilbaino denuncian, un modelo que lejos de proteger y ayudar a sus comerciantes, deteriora su calidad de vida.

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