Un régimen tocado, pero no hundido

Las elecciones de 2015 serán importantes en muchos sitios de la geografía vasca, pero quizás en ninguno tanto como en Nafarroa, donde el régimen construido hace casi cuatro décadas sobre la herencia franquista atraviesa su momento más bajo de credibilidad. Y consciente de ello se muestra su buque insignia, UPN, donde se detectan ya movimientos nerviosos como la apelación a Yolanda Barcina para que aclare ya si será candidata o a la reaparición ayer en prensa de su predecesor, Miguel Sanz, con un mensaje elocuente de preocupación.
Más allá de cuestiones como su relación con Barcina, la posibilidad o no de recomponer la unidad de acción con UPN y la opción de una coalición electoral con el PP –que solo atañen a su formación y su estrategia–, Sanz posa el dedo en la llaga del mal llamado navarrismo al reconocer la primacía estatal sobre el autogobierno (evidenciada en la cascada de recursos al Constitucional contra leyes navarras) y al apuntar que es el régimen entero el que está en crisis, desinflado: «Veo poca actitud para prolongar una situación política que tantos réditos ha dado a Navarra en muchos aspectos, se diga lo que se diga. Réditos en materia económica, social, en la prestación de servicios de calidad, en la libertad». Sin duda, Sanz es perfectamente consciente de que esta legislatura ha roto ese espejismo, y lo ha roto exclusivamente por la gestión pésima y no pocas veces corrupta de UPN. Por sus «réditos», sí, pero en el peor sentido de la palabra, el más materialista y mezquino.
Las reflexiones de Sanz alimentan la confianza de que acabar con el régimen es posible, pero en ningún caso deben llevar a un exceso de la misma. Entre otras cosas porque el propio UPN de Sanz ya demostró en 1996, cuando perdió el gobierno de modo efímero, su capacidad de sacar cualquier conejo de la chistera (entonces las cuentas suizas del PSN) a cambio de mantener el poder, único objetivo en cuanto única forma de mantener a Nafarroa aislada y precaria. Y porque cuenta con todo un Estado detrás dispuesto a seguir imponiendo su voluntad sobre la de la ciudadanía navarra. Un Estado para el que UPN es una mera marioneta.

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