Un suspiro contradictorio o un susto imprevisible
Más de 74 millones de estadounidenses ya han ejercido su derecho a voto hasta hoy, día oficial de las elecciones presidenciales en EEUU. Ese voto temprano y un voto oculto que las encuestas no logran descifrar pero que aseguran que existe, pueden decantar la pugna entre Donald Trump y Kamala Harris. Estos comicios iban a ser un paseo triunfal para Trump, hasta que Joe Biden se hizo a un lado y dejó su candidatura en manos de Harris. Desde ese momento la remontada ha sido sostenida, pero quizás no suficiente para que el Partido Demócrata renueve su mandato.
El sistema electoral hace que todo se decida en unos pocos estados, aunque estos no dejen de reflejar tendencias, sensaciones e intereses generales. Trump ya fue el presidente de la minoría al perder frente a Hillary Clinton en votos pero ganar en esos Estados clave. En un contexto de crisis de credibilidad del sistema, con una demanda de cambio que difícilmente pueden atender ni Harris ni Trump, a posteriori será más fácil explicar por qué no ganó la candidatura perdedora que por qué venció la otra. No hay que olvidarse del factor golpista que alienta una ultraderecha sin escrúpulos.
Se puede debatir sobre la teoría del mal menor, pero es indiscutible que, al menos para la población norteamericana, el mal mayor lo representa Donald Trump, ese espantajo autoritario, oligarca corrupto, inepto, misógino y violador. Por ejemplo, hay que hilar muy fino en geopolítica para menospreciar los derechos reproductivos del 51,1% de la ciudadanía. Por eso mismo, hay que estar muy ciego para no entender que una parte de la comunidad musulmana no vaya a votar a alguien que sostenga el genocidio contra Palestina, sea con palabras bonitas o groseras. Harris no les ha dado ninguna razón para que la apoyen. Aun así, otros recordarán que Trump es el favorito de Benjamin Netanyahu. Y la mayoría votará por razones socioeconómicas, por cálculos dudosos y promesas incumplidas. Porque este imperio decadente hace tiempo que no cumple ninguno de sus sueños y sí cada una de sus pesadillas. Eso sí, guste o no, el terror también tiene grados.