Victorias y derrotas de una final

Donostia se echará hoy a la calle para festejar la victoria de la Real en la Copa. El júbilo desatado por esa ‘lotería’ de los penaltis ha alterado en realidad a toda Gipuzkoa, y más allá. No es algo particular: en esta última década Athletic, Osasuna y Alavés también han jugado esa final y han demostrado el potencial actual del fútbol para catalizar ilusiones. Y sobre todo, para reforzar identidad colectiva, sentimiento de pertenencia, pueblo.

De la apotésica ‘euskal jaia’ en el centro de Sevilla al ‘Txoria txori’ final en la Cartuja –pasando por la pitada al himno español, la exhibición masiva de ikurriñas o el recuerdo incesante a Aitor Zabaleta–, no solo ha sido una victoria de once jugadores vestidos de txuriurdin, sino la reivindicación de un país. También el fruto de un trabajo bien hecho; con esfuerzo, talento y profesionalidad; en equipo; con mucho ‘kilómetro cero’; con juventud (Jon Martin, Marrero, Marín...); y con liderazgos a estudiar (Oyarzabal, Matarazzo...).

No todo ha sido positivo ni satisfactorio, desde luego. Quienes han viajado a Sevilla han sufrido un expolio a todos los niveles, desde el precio desorbitado de las entradas al de los alojamientos o los viajes, un atraco que debería ser regularizado e impedido (otros muchos aficionados, obviamente, ni se han planteado acudir por no poder permitírselo). Los clubes deberían levantar la voz frente a ello, y para que sus hinchadas no sean despojadas de disfrutar una competición –la Supercopa– desterrada a Arabia Saudí igualmente por pura codicia. Hay más: un desplazamiento de tal envergadura (más de 30.000 personas a 900 kilómetros) debería contar con facilidades que lo hagan más seguro. El desastre organizativo de la fan zone o la entrada al estadio muestra lo que importa el aficionado: nada. Yendo más allá, al fútbol actual le sobran también parafernalias testosterónicas de quienes lo usan para la violencia gratuita, y acciones represivas que cercenan derechos convirtiendo los estadios en espacios de excepción.

La afición realzale, vasca en general, se merecía esta victoria, pero merece además más respeto del que tiene. Hoy hay  que disfrutar la primera y desde mañana exigir lo segundo.

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