Alvaro  Reizabal
Alvaro Reizabal
Abogado

Leones salvadores

En realidad, tras ese aparente fervor cristiano se agazapa el más puro economicismo, porque lo que se trata de conseguir es poner en marcha la locomotora del consumo cueste lo que cueste.

Con el titulo que encabeza estas líneas no me estoy refiriendo a los leones de San Mamés, tan de actualidad estos días por el récord mundial que van a batir en pocos días: jugar dos finales de copa en dos semanas. Por cierto, que en Gipuzkoa se asegura que batirán otro récord: el de perder las dos. Pero pelillos a la mar.

A lo que me refiero es a los émulos de León Salvador, el más famoso de los charlatanes que en el mundo han sido, que iba de feria en feria y era capaz, gracias a su brillante verborrea, de vender cualquier cosa a cualquiera, aunque no la necesitara para nada. Era la versión personificada de lo que ahora consigue la publicidad en la tele o la estratégica colocación de los productos en las estanterías de los súper, para hacer picar al personal, cayendo en la trampa del consumo por los ojos.

Ahora podemos llamar Salvador a los que desde que se desató la maldición de la pandemia se dedican a tratar de convencer a las masas de que hay que salvar la próxima celebración religiosa que se avecine, fuera la Navidad hace unos meses, sea la Semana Santa ahora. En realidad, tras ese aparente fervor cristiano se agazapa el más puro economicismo, porque lo que se trata de conseguir es poner en marcha la locomotora del consumo cueste lo que cueste. En el falso dilema salud/negocio, no tienen ninguna duda: la pela es la pela.

Y así se explica que cuando parece que vamos de cabeza a por la cuarta ola, con el viento de cola de la desesperante lentitud de la vacunación, se empeñen en atraer turistas alemanes o franceses o de donde sea, para hacerse con el botín de su gasto vacacional a cualquier precio. Importan turistas y con ellos nuevas cepas del virus de más fácil expansión, más contagiosas. Y entre tanto, en Euskal Herria no se encuentran 25.000 vacunas perdidas y en Italia aparecen treinta millones de dosis escondidas con destino al Reino Unido, que ahí sí que están cumpliendo con los objetivos de vacunación. Hay que demostrar que con el Brexit se vive mejor. Al final emerge el tráfico de vacunas. Ejemplar.

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