Lecciones desde Cardiff: soberanía, clase y cultura
Este 15 de agosto LAB participó, junto con una delegación escocesa, en un encuentro organizado por Undeb Plaid Cymru, que es la red de activistas sindicales del partido desde donde desarrollan campañas sindicales, participando activamente en campañas a favor de la igualdad de derechos dentro del movimiento sindical y en la lucha contra el fascismo y el racismo.
El encuentro celebrado en Cardiff tuvo un significado que va más allá de la fotografía de un primer encuentro internacional. Para LAB, participar en este espacio supuso constatar que, pese a las diferencias entre nuestras realidades, compartimos reflexiones de fondo; por un lado, cómo articular soberanía, transformación social y, por otro, cómo impulsar desde el sindicalismo profundas transformaciones políticas y sociales.
Plaid Cymru afronta su llegada al Gobierno de Gales en un momento muy distinto al de las grandes expectativas que acompañaron al independentismo escocés en 2007 o al referéndum de 2014. La coyuntura actual está marcada por la crisis de los servicios públicos, la reducción presupuestaria, un creciente malestar social, el fuerte crecimiento de la extrema derecha y, al mismo tiempo, una izquierda soberanista que, por primera vez, es primera fuerza en Gales, Escocia y el Norte de Irlanda.
El independentismo galés ha construido buena parte de su identidad política a partir de una combinación entre soberanía, defensa de la cultura y la lengua galesa y un proyecto de izquierdas. En Cardiff pudimos comprobar que la lengua no aparece como un elemento ornamental o meramente institucional, sino como parte de la propia concepción política del movimiento. El uso normalizado del galés en el encuentro, incluida la traducción para las delegaciones internacionales, expresaba algo más profundo: que recuperar la cultura nacional galesa forma parte también de la emancipación de la clase trabajadora.
Esta cuestión resulta especialmente relevante para LAB. Lengua, identidad, soberanía y derechos sociales no son compartimentos estancos. La construcción de un país soberano debe ir acompañada de la capacidad de decidir sobre las condiciones de trabajo y vida de quienes lo habitan. Y, del mismo modo, la defensa de los derechos laborales y de los servicios públicos necesita de instrumentos políticos y económicos propios que permitan superar los límites impuestos desde estructuras estatales que no responden a las necesidades de nuestras sociedades.
El encuentro permitió también poner sobre la mesa otra cuestión fundamental: la relación entre los proyectos soberanistas y el movimiento sindical. En un país donde no existen sindicatos soberanistas o independentistas como LAB, y donde el sindicalismo ha estado fuertemente vinculado a un laboralismo que se ha desplomado, es clave reforzar el sindicalismo soberanista de clase, dotando al proceso político de un fuerte contenido social y ligando el soberanismo con unas políticas que garanticen unas condiciones de trabajo y de vida dignas. Hemos podido constatar que el independentismo galés ha entendido a la perfección el contexto actual. Combinan estratégicamente la cuestión nacional con la cuestión social y, gracias a ello, se ha convertido en la principal fuerza política del país.
Las reflexiones de la delegación escocesa en el encuentro iban en la misma dirección. Años de gobierno del SNP han supuesto que el partido sea cada vez más susceptible a los principales lobbys empresariales y a las políticas neoliberales y por eso, transmitían que la cuestión nacional no puede sostenerse únicamente sobre la gestión institucional.
En LAB creemos que la soberanía necesita un proyecto social capaz de movilizar a las mayorías, conectar con sus problemas cotidianos y ofrecer una alternativa creíble frente a las políticas neoliberales. Es por ello que la principal conclusión del encuentro de Cardiff ha sido que los proyectos soberanistas solo podrán avanzar si son capaces de garantizar derechos, fortalecer los servicios públicos, mejorar las condiciones laborales, redistribuir la riqueza y construir sociedades más justas.
El intercambio entre Gales, Escocia y Euskal Herria resulta especialmente valioso. Por un lado, porque construye puentes entre el sindicalismo de tres naciones que aspiramos a la plena soberanía; por otro lado, porque vamos reforzando la Red Sindical de los Pueblos que nació en Barcelona en octubre del año pasado y, finalmente, porque hemos sido testigos en primera persona de que en el Reino Unido, y por ende en Escocia, Gales y el Norte de Irlanda, ya nada será igual.
Cuando hablamos de articular estrategias comunes con el sindicalismo de otras naciones sin Estado, no hablamos de copiar modelos ni de buscar recetas idénticas para realidades diferentes. Se trata de aprender de experiencias que, desde caminos distintos, estamos afrontando problemas comunes: el debilitamiento de los servicios públicos, la precarización de las condiciones de trabajo y de vida, y la necesidad de construir nuevas mayorías sociales en favor de la soberanía y el derecho de autodeterminación de nuestros pueblos.
Durante años, Escocia ha ocupado un lugar de referencia para otros movimientos soberanistas, y hoy Gales ofrece nuevas claves. Euskal Herria aporta, desde la experiencia de un sindicalismo independentista y de clase, una convicción que LAB compartió en el encuentro de Cardiff: no hay soberanía nacional sin soberanía social, y no hay transformación social profunda sin capacidad de decidir.
Esa es, probablemente, la idea que más se repitió en Cardiff: la construcción nacional y la construcción social deben avanzar juntas. Y quienes defendemos una Euskal Herria soberana, socialista, feminista y euskaldun, también construimos país desde los centros de trabajo, desde el sindicalismo y desde la capacidad de la clase trabajadora para convertirse en sujeto político propio.