Amparo Lasheras
Amparo Lasheras
Periodista

Nada que envidiar a Hollywood

La fuga de Basauri en 1969, la de Segovia o la de Alberto López de Lacalle de un hotel de Aubusson, descolgando por la ventana una cuerda de sábanas, pertenecen a nuestro relato y nada tienen que envidiar a las proezas carcelarias de Hollywood.

Hay noticias que al leerlas producen una entusiasta exclamación, de esas que no entran en la corrección política. La fuga de seis prisioneros palestinos de una cárcel de máxima seguridad israelí, ocurrida esta semana, es una de ellas. Un túnel en la celda, debajo del lavabo, usando herramientas sencillas y rudimentarias, inevitablemente, nos lleva al mundo del cine, a producciones que marcaron un hito en el séptimo arte. "La gran evasión", de John Sturges (1963) o "Cadena Perpetua" de Tim Robbins (1994) son las primeras que recuerdo, pero existen más y fueron películas que nos hicieron creer en la fuerza del ingenio humano en momentos difíciles y ante planes imposibles. Pero no hay que recurrir al cine, la fuga de Basauri en 1969, la de Segovia en abril de 1976 protagonizadas por miembros de ETA o la de Alberto López de Lacalle, también militante de ETA, de un hotel de Aubusson, descolgando por la ventana una cuerda de sábanas, pertenecen a nuestro relato y nada tienen que envidiar a las proezas carcelarias de Hollywood. Sin embargo, sí tienen algo en común con la huida de los presos palestinos de la cárcel de Gilboa: el apoyo popular. Igual que entonces en Euskal Herria, hoy miles de palestinos han mostrado su solidaridad con los evadidos. Como han afirmado sus dirigentes supone «una gran victoria. Demuestra que la determinación de nuestros combatientes no puede ser derrotada».

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