Se puede encontrar justificación, aunque sea remota, a la muerte de Babacar Welle? Rotundamente no. Tampoco a la de Ander Sáenz en Santurzi el 22 de junio. Ambos, víctimas de la violencia policial, merecen el respeto de una verdad y de un relato que debería interpelar a la estructura social y política en la que vive Euskal Herria y al estamento de unos cuerpos de policía demasiado rápidos con las porras y las armas. Welle, residente en Hondarribia y Ander, vecino de Santurzi, tenían serios problemas de salud mental. Al primero le disparó tres tiros un policía local, al segundo seis agentes, después de reducirle con violencia, le atacaron con una pistola eléctrica. En los dos casos, la razón con la que se intenta «justificar» la muerte es la «peligrosidad de su comportamiento». Estos días, el aita de Ander llamaba a acudir a una manifestación y decía: «Que mentalmente no estés bien no es un motivo para que te maten». Tras lo sucedido en su pueblo, el alcalde de Hondarribia Igor Enparan declaraba: «Tengo la sensación de haber fracasado como sociedad». Sí, yo también siento ese fracaso. En este tiempo posmoderno e individualista, tan preocupado por el equilibrio personal de nuestra salud mental, ¿en qué parte del camino se ha perdido la conciencia y la humanidad del cuidado colectivo?