Un objetivo del neoliberalismo es familiarizar a la opinión pública, acosada por la incertidumbre del futuro, con la idea de que sus políticas también tienen un «compromiso social». En nombre de ese compromiso, el señor Garamendi, representante de la patronal estatal, pedía nuevas medidas fiscales para las empresas y las rentas más altas. Para ser exactos, emplazaba a las instituciones a que bajen los impuestos a quienes más tienen. En su opinión, ello contribuiría a un mayor desarrollo económico y social. Su petición está basada en la teoría de Arthur Laffer, un economista republicano, asesor de Reagan y de Trump. Habrá que agitar la memoria del siglo XX y recordar que fue durante el mandato de Reagan y Margaret Thatcher cuando, según el historiador Josep Fontana, «los empresarios lograron hacerse con el control de una política que se compra y se vende, bloqueando las leyes que obligaban a aumentar sus costes». La petición del señor Garamendi sigue esa vieja línea. No es una sorpresa, pero sí una desvergüenza más de la clase empresarial, sobre todo cuando son sabidos los privilegios fiscales que ya se aplican a las grandes industrias. Sin ir más lejos, en Nafarroa y la CAV, en el «oasis vasco», el impuesto de sociedades a las empresas es el que menos dinero aporta a las arcas públicas.