Anjel Ordóñez
Anjel Ordóñez
Periodista

Distopía superada

«Quien controla el pasado, controla el futuro; quien controla el presente, controla el pasado». Esta frase se presenta como piedra angular de la visión orwelliana de la sociedad totalitaria.

Desde hace ya más de un siglo, la narrativa cultiva el género distópico como una de las vías más fecundas para abordar, desde ópticas muy diversas, una profunda crítica de las sociedades actuales. "El cuento de la criada", serie estadounidense basada en la novela homónima de Margaret Atwood, avanza en su cuarta temporada con la mochila cargada de premios y una ejecución que raya en los más elevados niveles de la narración audiovisual. Su descripción de un Estado, la República de Gilead, que institucionaliza el patriarcado y la opresión extrema de la mujer a través de una visión teocrática exacerbada y omnímoda, invita a reflexionar sobre la relativa distancia que separa la ficción de la realidad que vivimos.

La distopía, en su definición, se presenta como una desviación radical de la utopía, es decir, describe con todo lujo de detalles una realidad imaginaria diametralmente opuesta a la sociedad ideal. Puede considerarse a George Orwell ("1984") y a Aldous Huxley ("Un mundo feliz") como los padres de un género prolífico y muy heterogéneo en el que caben desde la genial "Metrópolis" de Fritz Lang hasta la no menos brillante "Blade Runner" de Ridley Scott, pasando por la inquietante "Matrix", de las hermanas Wachowski y la taquillera "V de Vendetta", de James McTeige.

«Quien controla el pasado, controla el futuro; quien controla el presente, controla el pasado». Esta frase se presenta como piedra angular de la visión orwelliana de la sociedad totalitaria, descrita de forma ficticia en "1984", y que se caracteriza por la extrema represión política y social, la vigilancia masiva y la manipulación de la información con el objeto de aniquilar cualquier atisbo de disidencia.

2021. La desinformación programada en las redes sociales como máxima expresión de la manipulación, la geolocalización física a través de los terminales móviles, el control milimétrico de nuestra conducta mediante gigantes como Google y, finalmente, su vertiginosa traslación a nuestros hábitos de consumo a través de Amazon, entre otros, son rotundos ejemplos de que la realidad siempre supera con facilidad a la ficción, incluso a la distópica.

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